MLM-BOM

Márketin Libre de Moral-Blog del Onanista Mental. Autor: Soyu Norate

Se le apareció la Virgen

El sacerdote preparaba cuidadosamente los elementos litúrgicos. El novio, en pie delante del altar, oscilaba inquieto. Miraba en todas direcciones mientras hacía rápidos cruces de dedos. Sus familiares e invitados, sentados a la derecha, contrastaban con los de su prometida, que de aspecto mucho más humilde y separados por un pasillo, se concentraban en los bancos de la parte izquierda de la imponente capilla de la Concatedral de San Nicolás, cuidadosamente ornamentada con delicadas flores.  Ya pasaban quince minutos de la hora fijada para el comienzo de la ceremonia, y el eco de los bisbiseos comenzaba a rivalizar con las solemnes notas del Offertorio que el diácono magistralmente extraía con armónicos movimientos del centenario órgano de válvulas. Aunque la interpretación era excelente, los presentes comenzaban a mostrarse inquietos.

Don Senén, entretenido con los abalorios en el altar, miró su reloj con gesto de desagrado. Invitó a acercarse al padre del novio, y le comunicó:

–Lo siento Teodoro, pero no puedo esperar mucho más… tenemos otra boda a las doce y media.

Al ver la cara de preocupación de su marido, Doña Álida lanzó una furibunda mirada a la madre de Elisa, a la que esta, desde el primer banco del otro lado del pasillo, respondió con absoluta indiferencia. Toñi estaba acostumbrada a la falta de humanidad de la familia de su ya casi yerno. La tensión comenzaba a flotar en el ambiente. El bisbiseo ya era un indisimulado murmullo en el lado de los allegados al novio, mientras que a los menos numerosos de la prometida, apenas se les escuchaba. El prelado, tras permanecer absorto unos minutos deleitándose en la contemplación de la impresionante figura del Cristo en la Cruz recién restaurado que presidía la Concatedral, se volvió apesadumbrado a los asistentes. Acercándose al micrófono hizo un gesto de impotencia, disponiéndose a dar por fallida la celebración.

−Queridos fieles, el Santo Sacramento del matrimonio significa la unión de dos personas para el resto de sus vidas. A veces la importancia de esta decisión abruma… −se interrumpió a la vez que todas las cabezas de los asistentes se volvían hacia la entrada.

–¡Bien! −exclamó aliviado, haciendo un gesto afirmativo con la cabeza al organista.

La novia, ataviada con un entallado traje de un blanco impoluto cuya larga cola era portada por cuatro graciosos infantes, caminaba etérea hacia el altar asida del brazo de su lloroso padre. Distante, ignoraba concentrada en sus pasos las miradas de admiración de la mayoría de invitados, que se incorporaron ante su llegada como manda el protocolo. Doña Álida se volvió a su marido, que contemplaba con la boca torcida a su todavía futura hija política, y le espetó con un susurro:

−La culpa es tuya por no haber ayudado a espabilar a tu hijo. Recemos por que no la preñe antes de cansarse de esa familia tan ordinaria.

−Al menos no negarás que es preciosa… −le contestó con todo dubitativo Don Teodoro.

Ella, contrariada por la respuesta, con los labios muy apretados masculló:

−Sí, hasta que abre la boca.

Su nuera, situada justo a su altura en el banco de atrás, se acercó a su oído y le comentó en voz baja:

−¿Te has fijado en lo mal que luce el frac su padre? Mira los bancos de la izquierda, es patético el contraste que hace “esa gente” con nosotros…

El diácono finalizó la Marcha Nupcial con un improvisado arpegio que provocó la sonrisa de los que ocupaban los bancos traseros. Los familiares más directos, sentados en las dos primeras filas permanecieron impasibles, atentos a los acontecimientos a ambos lados del pasillo central. El señor Juan hizo un acopio de dignidad, y elevando la frente, entregó a su hija al novio, que desesperaba más que esperaba en el altar. Éste, ignorando al que en breve iba a ser su suegro, recriminó con una severa mirada a su prometida.

−Juanito, no son buena gente… −le susurró su esposa cuando, con la cabeza hundida entre los hombros, el abatido padre y padrino de la novia tomó asiento a su lado.

Don Senén no había llegado a prelado por casualidad. Su sagacidad le había ayudado mucho durante su ministerio. Su aguda inteligencia emocional le advertía de que el desafecto entre las familias, iba a ser un elemento perturbador en esta pareja. Con el ceño un poco fruncido trató de asir el micrófono, volcando sin querer el cáliz con el brazo. La simbólica sangre de Cristo se esparció por la mesa, tiñendo de rojo el mantel y salpicando las Sagradas Escrituras que descansaban sobre el ambón. Don Senén recordó contrariado que esto mismo le pasó cuando casó a su joven sobrina con un tipo bastante mayor que ella, que le había parecido un impresentable. Demostrando sus tablas se aproximó al micro, y con desenfado comentó risueño:

−El altar simboliza la mesa donde Cristo celebró la última cena. Nadie puede descartar que el bueno de San Pedro, o el animoso apóstol San Pablo, no volcara algún vaso. Estoy seguro de que vosotros, hermanos en fe, vais a disculpar mi torpeza inspirados en Jesús nuestro Señor, que nos enseña a todos a ser humildes.

Tras comprobar el efecto de sus palabras en los rostros de los sonrientes fieles, prosiguió:

−Queridos hermanos: Llenos de alegría, hemos venido a la casa del Señor para esta celebración, acompañando a Teo y Elisa en el día en que se disponen a celebrar su matrimonio. Para ellos este momento es de singular importancia. Por ellos, invocaremos a Dios Padre, por Jesucristo, nuestro Señor, para que acoja complacido a estos hijos suyos que van a contraer Matrimonio, los bendiga y les conceda vivir en unidad permanente. −recitó con voz premeditadamente pausada.

¡Unidad Permanente!.. Estas palabras retumbaron en la cabeza de Elisa, que, en pie ante el altar, se  masajeaba las sienes. “Por favor, haz un milagro”, suplicó mentalmente a la ornamentada Virgen que, a la derecha del altar, parecía mirarla llena de misericordia.

El sacerdote comenzó a pronunciar un sermón, y muchos invitados se sentaban, postraban y ponían en pie, imitando los movimientos de los fieles más conocedores de la ceremonia lutúrgica. Elisa permanecía ajena enfrascada en sus pensamientos. Antonio murmuró a su hermano mayor en el primer banco de la izquierda:

−Creo que me voy a ir. La forma en que nos miran esa panda de soberbios del otro lado del pasillo, me está sacando de mis casillas… mira nuestra hermana, parece que va al matadero.

Manuel, de carácter más resilente, le recomendó al tiempo que encogía los hombros:

−Toñito, siento la misma impotencia que tú. Por favor, tratemos de no hacer sentir peor a nuestros padres.

Elisa, como si hubiera escuchado a sus hermanos, miró un momento hacia ellos, pero tenía la vista perdida. Escenas con su prometido acudían a su mente: el momento en que su mejor amiga la llamó contándole que “un amigo suyo muy interesante que las había visto juntas la tarde anterior, quería conocerla”. La sedujeron la seguridad y la aparente clase de Teo, se sentía fascinada. Apenas había tratado con gente de mucho dinero. No era una chica ambiciosa, pero la comodidad de su Audi y el desahogo con el que vivía desde que aceptó salir con él, la atraparon. “A medida que nuestras familias se vayan conociendo, y nos vayamos haciendo el uno al otro, todo se irá arreglando, pues aunque muy engreídos, no son mala gente” pensaba inocente Elisa, que no captaba el doble sentido de los irónicos comentarios de que eran objeto tanto ella como su familia, mucho menos sofisticada.

El señor Juan miraba con gesto suplicante hacia el altar. No pasó desapercibida su desesperación para Don Senén, que, sin interrumpir el sermón, levantó un momento las cejas ladeando al tiempo la cabeza.

−Resignación, Juanito… es lo que ella quiere. −le dijo Toñi a su   marido.

Ambos habían estado comentando la pasada noche la conversación de madre a hija que habían mantenido antes de acostarse, en la que Eli, fingiendo alegría, trató de convencerla de que se casaba con Teo porque eso la hacía feliz. Toñi, que aunque sencilla, era una vívida mujer con mucho a sus espaldas, acariciando suavemente su oscuro cabello, le dijo con ternura:

−Cariño, ¿cuánto hace que no duermes bien? Tienes ojeras, y me digas lo que me digas, tu mirada está triste, preciosa…

−¡Mamá! −exclamó Eli−,

−¡No me interrumpas, hija mía, por favor escucha atentamente a la persona que más te quiere en este mundo, corazón de mis entrañas! −hizo una pausa para enjugarse con el pañuelo que guardaba siempre en la manga dos lagrimones que súbitamente habían irrumpido en sus ojos, y prosiguió con tono más pausado:

−Amor mío, tú y yo no necesitamos palabras para saber lo que sentimos. Sólo quiero que sepas una cosa, y que por favor la pienses bien: Da igual todo lo que esa gente haya hecho, da igual que todo esté contratado y organizado, da igual lo que piensen… lo más importante eres tú, y es muy, pero muy importante, que sepas que hasta que no prununcies el “sí, quiero”, eres libre de cambiar de opinión, le duela a quien le duela. No es nada bueno tomar una decisión como esa si dudas o la tomas presionada por las circunstancias, o el temor a fallar a personas que, al fin y al cabo, nos son extraños todavía. Que sepas que toda tu familia te apoyamos hagas lo que hagas. Espero que nuestro amor te de fuerzas para hacer lo correcto. Te amo, cielo mío. Trata de descansar esta noche.

Ninguna de las dos había podido dormir, cada una alimentando sus propios fantasmas. Eli, que permanecía ausente delante del altar, seguía divagando. Sintió un leve estremecimiento cuando recordó que en otro momento, también estuvo a punto de tomar una decisión equivocada, llevada por las circunstancias y la presión de algunas compañeras del taller de calzado donde trabajaba. La encargada quería enchufar a su hija, y era una persona autoritaria acostumbrada a, por ser familiar de los dueños, hacer y deshacer a su antojo. Un día la llamó aparte al terminar la jornada y con expresión torticera le dijo:

−Verás, voy a ser franca. No eres buena aparadora, y lo mejor es que dejes el trabajo y busques algo que vaya más con tu personalidad extrovertida. Tienes buen tipo, y eres agraciada de cara, justo lo que buscan las tiendas de moda… −se colocó los brazos en jarra y tratando de intimidarla con la mirada, aguardó la respuesta.

Eli ya venía notando cierta tensión en el ambiente laboral desde que Andrea, la hija de Carmen, estuvo de visita interesándose por las diferentes tareas, y una de las compañeras oyó que le decía a su madre a modo de despido:

−Pues nada, mamá. Eres la jefa, ¡a ver si me metes!

La faena mejor remunerada y más entretenida era el aparado, y notó cómo sus dos compañeras de oficio le iban haciendo poco a poco el vacío.

Estaba a punto de llorar. La mirada de la encargada la hacía sentirse diminuta. Iba a responderle que sí, que le diera unos días para firmarle el finiquito, cuando un sonido llamó la atención de ambas… Las notas de su canción favorita, “Inolvidable” de Tito Rodríguez, silbadas magistralmente por un joven que entró en el taller a dejar unas cajas de suelas, llenaron de color el gris ambiente generado por la estupefacta encargada, que en vez de deleitarse con la armonía de la vibrante melodía, amonestó airada al muchacho:

−¿Qué forma de entrar en los sitios es esa?

El, sin variar un músculo del rostro dejó las cajas en el suelo, y tranquilo se dirigió a ella, tendiéndole la mano con el albarán mientras le decía con voz conciliadora:

−Desde luego más amable que la suya de mirar… tiene a la pobre chica aterrorizada.

Ambos permanecieron unos largos segundos mirándose retadores, tras los cuales la encargada le espetó mientras firmaba la entrega:

−Anda, márchate chaval, que tengo el día caliente.

El apuesto joven, haciéndole una burlesca reverencia a la enojada Carmen, que no había variado su posición de brazos en jarra, tras guiñar un ojo a Eli, desapareció silbando “Inolvidable” retomándola desde el mismo punto en que la dejó.

El influjo del muchacho infundió desconocidas fuerzas a la joven empleada, cuyo rostro ahora expresaba determinación. La encargada enseñaba los dientes todavía, cuando la aparadora le espetó con voz segura:

−Mira Carmen, soy prudente, pero no tonta. Si quieres tirarme, me tendréis que pagar la indemnización por despido improcedente.

Cuando Eli dio la espalda a la histérica encargada y se dirigió con paso firme a la puerta, sólo tenía en el pensamiento el silbido del guapo muchacho. No sabía por qué razón, después de lo acontecido estaba de tan buen humor.

−¡Elisa! −la aludió el prelado casi gritando−.

−Perdón, padre, −se excusó Eli cabizbaja, volviendo a la realidad.

Girando la cabeza tímidamente, miró de reojo a los invitados, que, sentados en silencio, la miraban expectantes.

−Elisa, te lo voy a repetir y quiero que te pienses bien la respuesta, −pronunció la frase con mucho énfasis− ¿quieres recibir a Teodoro como esposo, y prometes serle fiel, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

El joven Teo contemplaba de brazos cruzados a su temblorosa novia, mostrando cierta impostura. Ella, a su lado, había vuelto a ausentarse. Observándola, pensó: “He llegado hasta aquí por rebeldía. De no ser por la oposición de mis padres, estoy seguro de que la habría dejado tras el decepcionante viaje en el que me hizo quedar en ridículo ante todos mis amigos, relacionándose más con los empleados del lujoso Resort que con nuestro grupo”. Ese pensamiento provocó un involuntario gesto de arrepentimiento  en el pétreo rostro del novio, que no pasó desapercibido a los tristes ojos de Toñi –su futura suegra- que aunque húmedos por las lágrimas, destellaron emitiendo un brillante fulgor.

El silencio en la amplia capilla espesaba el aire. Comenzaba a ser irrespirable para la novia. Eli, como en un último intento de eludir responder al sacerdote, miraba los arcos de la alta bóveda de la Concatedral, adornada con preciosas vidrieras cuyos mosaicos formaban las dramáticas imágenes que antaño servían para ilustrar sobre pasajes del Nuevo Testamento a unos fieles en su mayoría analfabetos. Una santa que levantaba el dedo mientras miraba compasiva a una niña, le recordó las palabras de su madre la noche anterior.

Con un osado movimiento de cabeza, giró la vista hacia los primeros bancos de la derecha, pero al tropezarse con los severos ojos de su suegra, que parecían querer fulminarla, miró al suelo y se dio la vuelta lentamente para tomar el micrófono. Con cara de resignación miró a Don Senen, que la observaba  preocupado.

Eli, dirigiéndole una fingida mirada de determinación al prelado, tomó aire para emitir una sílaba que parecía atragantarse en su boca, cuando de repente, se erizó todo el vello de su cuerpo… No podía ser… miró hacia el palco superior, de donde parecían llegar esas vibrantes notas, y… ¡Ahí estaba él! tranquilamente recostado sobre sus brazos apoyado en la maciza barandilla de madera, silbando “Inolvidable”.

Los invitados de ambas familias contemplaron atónitos desde los bancos cómo, tras unas breves palabras entre los novios, Teo besó cariñoso la mejilla de Eli, y ella, tras intercambiar una mirada cómplice con Don Senén y detenerse un momento ante la Virgen para agradecerle el milagro, marchó radiante por el ancho pasillo que conducía al enorme portón de salida, sin siquiera volver la cara hacia los que casi habían llegado a ser su familia política.

–Por cierto, ¿Qué hablaste con tu ex en el altar después de verme? –le preguntó José a Eli mientras en la intimidad de su humilde hogar celebraban la próxima visita de la cigüeña.

–Intenté darle una breve explicación para salir del paso, pero no hizo falta. Interrumpiéndome, me dijo que mi expresión al oír tu silbido, hacía innecesarias las palabras. Tras una cómplice mirada llena de perdón que nos colmó de paz, nos deseamos lo mejor. –le confesó acurrucada en sus brazos mientras acariciaba el tenue vello de su curtido pecho.

–Por lo que más quieras, amor mío, sílvamela otra vez, anda… –musitó al oído de su feliz marido, al tiempo que lo colmaba de besos.

Fin.

Perderlo todo por un polvo.

El empresario Jaume Millet ha sido hallado muerto en su domicilio junto a un antiguo ex-socio en extrañas circunstancias. Las primeras hipótesis sugieren que el socio, tras disparar al empresario, se ha suicidado. La investigación inicial ha relacionado de forma casual al difunto Millet con una organización criminal dedicada al tráfico de narcóticos a gran escala”.

La mañana en la que Juan volvió era fría. Llovía a cántaros cuando él abrió la puerta y se quedó plantado en el umbral. El temor de confrontarse a su mujer después de dos días de desenfreno sin dar señales de vida en su casa, le empujaba a volver sobre sus pasos, e ir a buscar el calor de su incondicional hermana, fiel aliada a la que ocasionalmente recurría para tratar de aplacar la ira de su esposa tras sus frecuentes escarceos con la mala vida.

Sabía que además llegar empapado y ensuciarle el lujoso y bien pulido suelo de mármol, constituía un serio agravante que iba a airarla aún más. Ese preocupante detalle, en vez de amilanarle, le serviría de argumento para -como acostumbraba a hacer durante las frecuentes broncas con ella- desviar la discusión del tema que le dolía tocar de frente, ya que sabía que carecía de defensa.

Un golpe de viento arrastró por la parcela un mojado y sucio balón de plástico hasta dar con sus pies cuando había iniciado el retorno al lujoso Bentley, que poco antes había aparcado al lado del Jaguar de la antaño feliz consorte, bajo el  techado espacio destinado al estacionamiento de vehículos en el ala lateral izquierda del ostentoso chalet. Tomándolo como si pesara mucho, lo apretó contra su pecho sin importarle las consecuencias sobre su ya desaliñada camisa, y rompió a llorar como un niño.

Era consciente de que su desordenada conducta no era la propia de un adulto casado, e incompatible con una familia de clase alta que aspiraba a vivir en armonía. Mientras lloraba, volvió a maldecir con rabia al amigo que lo metió en esa porquería, y que alimentando su vicio, había conseguido quedarse con todo su patrimonio, convirtiendo su maravillosa vida en un camino de frustración y fracaso que incluso le había llevado a perderse la primera infancia de su hijo, mientras él brillaba como un personaje poderoso e impoluto en los medios de comunicación.

 El llanto le proporcionó un alivio emocional que aplacó su ira, redujo su sensación de impotencia y le aportó la fortaleza de ánimo suficiente para derrotado, cruzar el sobrio umbral de la vivienda con la cabeza baja, presto a aguantar otra buena reprimenda de su decepcionada esposa.

Encontrarla sentada con faz impasible a su llegada lo desconcertó, pues lo usual era que en esas circunstancias le formase un circo, pero esta vez algo parecía distinto. Sumiso, dio unos breves pasos para recorrer la corta distancia que había desde la ornamentada entrada hasta la cómoda y minimalista zona de butacas del amplio y bien decorado salón de tres ambientes, y abatido, se detuvo ante ella.

Mar era una espectacular mujer nacida y criada en el seno de una bien avenida familia de clase media. Cuando terminó sus estudios universitarios, el destino y su portentosa belleza la llevaron tras ganar diversos certámenes relacionados con el mundo de la moda, a ser un personaje frecuente tanto en los medios dedicados al famoseo, como en los exclusivos saraos donde se codeaban ricos y famosos.

Fue en uno de estos eventos, concretamente en la boda de Martina Salas con el reconocido empresario catalán Jaume Millet, donde lo conoció. Era un bonito día de abril, sonaba una preciosa versión de “Corcovado” interpretada por Tom Jobim, y el ágape ofrecido por los novios era digno de mención en las academias de hostelería.

Jetset

La recepción se situaba en los jardines del antiguo castillo reconvertido en un lujoso espacio dedicado a la celebración de todo tipo de actos que precisasen desenvolverse en un lugar muy elitista, cuyo entorno resaltase el glamour y la clase de los asistentes. Un periodista acreditado para estar en el evento, acompañado de su fotógrafo buscaba con la vista entre los más de trescientos invitados  a los famosos más relevantes, y los abordaba sin contemplaciones interrumpiendo de forma un poco impertinente algunas conversaciones. La mayoría de presentes sonreían encantados al fotógrafo o posaban tratando de que éste reparara en ellos, y se acercaban de motu propio al conocido reportero dedicándole halagadores comentarios mientras él, ignorando a muchos, tomaba constantes apuntes que escribía a mano en una sencilla libreta.

Mar había sido invitada como tantas otras personas desconocidas para los novios, pero cuyo perfil asociado al éxito tiene un importante papel estratégico en el ostentoso decorado vacuo de reales afectos que son en realidad estas sofisticadas reuniones con fines espurios, disfrazadas de sanas e inocentes celebraciones de gente guapa, que quiere aparentar que forma en conjunto una bien avenida familia.

Se había puesto para la ocasión un elegante vestido palabra de honor de color azul cobalto que estilizaba aún más su perfecta figura y conjuntaba con sus ojos, su negra y cuidada media melena, y con el magnífico topacio montado en platino que lucía en el dedo corazón de su mano derecha, regalo de un rico empresario hostelero veinte años mayor que ella con el que acababa de romper. Estaba concentrada en el sabor del excelente canapé de salmón noruego ahumado con leña de enebro sobre lecho de mantequilla de oveja culminado con una generosa cucharada de oscuros granos del mejor beluga iraní, y divagaba sobre qué oscuro pacto le daba autoridad al soberbio periodista para, casi con descortesía en algunos casos, hacer pasar a todos los personajes cotizados en los medios por el fotocol.

Como si le hubiera leído el pensamiento, un apuesto varón con aspecto desenfadado y quizás un poco informal para la categoría del evento, tras beberse de un trago la copa de Don Periñón que uno de los omnipresentes aunque impecables y discretos camareros que atendían esa parte del recinto acababa de ofrecerles, comentó a su lado:

– Víctor Paredes es un impresentable, pero su revista ha comprado la boda por una fortuna, y que él cubriera el evento era condición sinecuanon para la firma del jugoso contrato. Por cierto, permíteme presentarme: soy Juan Cienfuegos.

Al mismo tiempo que él besaba respetuoso y cálido sus mejillas, el cielo se llenaba de fuegos artificiales envolviendo con luces de colores y emocionantes estallidos a los elegantes invitados, que con sus trajes de ensueño brillaban como luciérnagas dispersos por los soberbios jardines del castillo.

El inesperado espectáculo de luces y explosiones, junto al varonil aroma del atractivo desconocido y las dos copas de champán, indujeron a Mar a sentir un agradable y eufórico bienestar que no podía definirse a sí misma, al consistir en una ecléctica mezcla de emociones difíciles de aislar, pero que en conjunto la  empujaban a mostrarse muy receptiva a Juan.

Éste, tras presentarse, le comentó que había asistido coaccionado por su socio, que consideraba una ofensa que declinara la invitación a su enlace. Ella, cuyo cálido rostro parecía emitir luz, más que escuchar, se deleitaba con la armoniosa cadencia de su voz grave y viril. El aviso de que era el momento de pasar al gran salón imperial y tomar asiento en la mesa designada por los organizadores, interrumpió el mágico momento.

– Me gustaría mucho que fueras mi acompañante durante el banquete, le pidió Juan directo y seguro.

– Me encantaría, pero me temo que los asientos han sido asignados por los novios… expresó Mar dubitativa, aunque claramente satisfecha por la petición.

– Deja los detalles de mi parte, pues el novio “me debe mucho”… Creo que acabo de enamorarme de ti, y estoy dispuesto a mover cielo y tierra para que nos conozcamos.

Estas palabras pronunciadas sotto voce por un apasionado Juan mientras la asía delicadamente pero con fuerza por el brazo y aproximaba la cabeza a la suya, la hicieron sentir un mini-orgasmo que la hizo tambalearse levemente aunque de forma perceptible, haciéndole olvidar el claramente irónico comentario sobre la extraña deuda del novio hacia él, y que, como el referido a su obligada asistencia, le había parecido cargado de rencor.

Fue el comienzo de una relación en principio armoniosa y llena de amor de la que pronto nació un precioso retoño, pero que se fue tornando insatisfactoria y tortuosa a medida que Juan se hacía más vulnerable a su debilidad: la maldita cocaína.

Para ella era muy doloroso haber sido un testigo tan directo de la degradación moral y la pérdida tanto del patrimonio y la salud mental, como de los primeros tres años de vida de su hijo, ya que desde que nació, apenas había reparado en su existencia. Conoció a un maravilloso hombre lleno de virtudes que lo había conseguido todo en la vida y la había hecho ser una feliz madre orgullosa, pero día a día lo iba tirando por la borda junto a su dignidad.

Al principio el consumo era esporádico, y ella, que desconocía prácticamente todo sobre la droga -salvo que era mala y enganchaba a la gente-, le creía cuando afirmaba que era una especie de bálsamo social casi obligado en sus reuniones de negocios, y también cuando aseguraba que él no iba a caer en la dependencia. Cada vez era más frecuente que llegara muy sudado y excitado queriendo tener sexo, pero la mayoría de las veces sin conseguir que su pene alcanzase la erección suficiente para poder consumar el coito.

Tras algún tiempo en el que se comenzó a deteriorar la relación por el cambiante e inestable ánimo de Juan, Mar acudió a un profesional que, al explicarle la conducta y los síntomas que veía en él, le preguntó si además de eso se había vuelto más introvertido, y al obtener una respuesta positiva de ella, diagnosticó que éste estaba entrando en la fase aguda de la adicción. Intentó razonar muchas veces con su marido, pero éste negaba vehementemente “estar poniéndose a escondidas” y la mentira se instaló en su casa a partir de entonces de forma permanente. Cada día que pasaba, era más madre que esposa, y esta dramática situación la estaba haciendo enfermar.

Él, con el trascurso de las semanas iba abandonándose cada vez más, de ser un apuesto y bohemio galán, había pasado a convertirse en un nervioso y desaliñado gañán cada vez más hosco e irracional. Esta vez había llegado demasiado lejos, rebasando su capacidad de aguante. Había estado los dos últimos días  sentada casi perenne en su cómoda butaca en el salón sin apenas moverse salvo para comer un poco o ir al baño. Mascullaba sus cavilaciones sobre cómo le iba a comunicar su drástica y taxativa decisión.

Esa mañana después de la ducha, se miró en el espejo y vio a una mujer con ojeras y expresión de estar cansada de la vida, en vez de a la alegre Mar de iluminado y terso rostro: – Juan Cienfuegos, ahora eres pasado, le espetó a su reflejo.

Escuchó el motor de su coche, y viendo que tardaba en entrar se asomó a la ventana. Observó que como otras veces, llegaba con la ropa arrugada y llena de manchas, mientras agarrado al balón de su pequeño, lloraba desconsoladamente.

Le sorprendió que la lástima que poco antes sentía por él, se hubiese tornado un patético sentimiento de asco mezclado con trazas amarillas de vergüenza ajena.

Repasando mentalmente el discurso que había preparado para la ocasión, esperó a que atravesara el umbral de la casa. Cuando vio ante ella a ese despojo de persona que un día fue un digno y apuesto hombre bien situado capaz de enamorarla hasta la médula, sólo le salieron dos palabras.

– Se acabó.

Tan solo esas dos palabras emitidas dramáticamente pero de forma muy convincente y sin rencor por la mujer de su vida, tuvieron el poder de clarificar su mente, y que por un momento una chispa de lucidez brillara en sus ojos. Efectivamente, se acabó. Recordando que siempre había sido un hombre de conducta elegante hasta caer en el maldito vicio, asumió que simplemente había llegado la hora de apearse de una vida que seguía pareciendo envidiable para los que de una forma u otra lo conocían.

En dos segundos le pasó la película de su vida por la mente en una sucesión de rápidas escenas, como le ocurre a menudo a las personas que se sienten próximas a la muerte. Imágenes de cuando era un respetado y admirado empresario que atraía como moscas a todo tipo de mujeres, imágenes desagradables de sí mismo consumiendo y degradándose cada vez más, hasta verse acabado mientras la persona que le había metido en eso, se le aparecía con un sombrero de copa muy alto, señalándolo con el índice mientras se reía de él a carcajadas. Lo había perdido todo, hasta su inteligente y bella mujer, gracias a cuyo patrimonio e ingresos no estaba tirado en la calle… Pero todo esto tenía un claro culpable además de su propia estupidez…

Antes de que su patética decadencia trascendiera su círculo más íntimo y se convirtiera en un titular sórdidamente magnificado por los medios sensacionalistas, decidió bajar el telón y poner un final apoteósico a una función que sentía debía haber acabado el día que se salvó por los pelos de caer por un enorme precipicio en un cruce con un camión conduciendo su anterior Cadillac, en pleno apogeo.

Se acercó mansamente a Mar, tomó su fría mano derecha entre las suyas, y tras pedirle perdón por no haber podido ser un buen esposo y padre, se despidió con un cálido beso en su mejilla dedicándole una última mirada llena de amor. Antes de salir pasó un momento por su despacho. Dudaba si la clave de la caja fuerte donde guardaba la Magnum 45 que le había dado fama de excelente tirador olímpico, era su fecha de nacimiento o la de su frustrada esposa.

Seguía lloviendo  a cántaros cuando él abrió la puerta y se quedó plantado en el umbral. El aire fresco de la mañana golpeó su sereno rostro, cuyo gesto expresaba determinación. Consideró innecesario despedirse de su pequeño, al que apenas conocía, y se sintió por primera vez en mucho tiempo un hombre libre. Como colofón a su vida, iba a hacer un último servicio a la humanidad…

“Carta a papá, por Miguel el Diputado”

Querido Papá;

Te escribo esta carta porque en primer lugar quiero trasmitirte mi agradecimiento por todo lo que me has dado… Comenzando por la Carrera que me ha ayudado a ser quien soy, que si no hubiera sido por tu perseverancia e insistencia, no la hubiera terminado.

A mamá ya sabes que le guardo su sitio en mi corazón, no la menciono en esta carta porque – como sabes – no lo puedo hacer sin llorar, entre otras cosas por sus duras palabras hacia mí en su lecho de muerte. Como verás, tenía toda la razón. No soy digno de vosotros.

Siguiendo con vuestros sabios consejos e inagotable cariño, y todo regado con toneladas de paciencia ante mi actitud a veces rebelde y otras indolente, me voy a centrar en explicarte el porqué de algunas cosas. No entiendas esto como un descargo, sino como un deshaogo y un acto de mea culpa, ya que admito que soy el único responsable de mis actos.

Cuando entré de tu mano en la política, lo hice cargado de ideales – los que tú me habías inculcado y enseñado-. El trabajo abnegado por los demás y por nuestro país, el sacrificio por conseguir mejores condiciones de vida para todos, la lucha por los derechos de los trabajadores, por una política que ayude a los desfavorecidos… Eso es lo que tú me enseñaste con tu ejemplo. Tú fuiste un hombre abnegado que incluso pagaste con muchos años de cárcel la defensa de esos ideales, aunque has sido recompensado por un sueño feliz, por una conciencia limpia y una pureza de alma que te hace una persona querida por muchos que te tienen como ejemplo y referente… Pero yo no he podido hacer lo mismo.

Desde hace ya muchos años, prácticamente desde que bien joven entré en el partido, me di cuenta de que las cosas no eran como tú me habías contado… Para conseguir hacerme un hueco en las listas a concejable, tuve que admitir que otros decidirían por mí a qué debía decir sí, y a qué lo contrario. La primera vez que lo hice – Te acordarás de aquellas fiestas que organizamos allá por el ochenta desde el ayuntamiento, que a tí te pareció muy extraño que se le adjudicara la organización a Pepe el  bonito –  me sentí un miserable, un pelele, pero mis compañeros de filas se encargaron de explicarme que eran “Pequeñas concesiones” que habían que hacer para aspirar a grandes objetivos, que era poca cosa… Que era el precio por el apoyo de los empresarios, y que había que pagarlo sin rechistar, o pondrían a otros… El poder del dinero, ya sabes…

Luego esto fue sistemático, y como dicen las prostitutas, a partir de hacerlo tres veces, ya no da tanto asco, y al final resulta – si no agradable – rutinario, y ya no sientes nada.

Se trataba de favoritismos en principio de pequeña cuantía, y como yo era renuente a entrar al trapo con facilidad, veía cómo mis compañeros medraban mientras yo seguía de simple concejal de fiestas… Cuando llegó Eli a mi vida las cosas cambiaron rápido.

Eli como sabes es una mujer muy ambiciosa, – nunca te gustó para mí, lo sé, aunque respetaras mi decisión de casarme con ella, en gran parte porque no querías nietos que no disfrutaran de su padre y su familia – y desde que se quedó embarazada, todo fueron presiones por su parte para que mejorara nuestra economía costara lo que costara. Tenías toda la razón… aunque sea la madre de mis hijos, no ha sido nunca buena persona. Su Dios – el dinero – ha mandado siempre en su vida- y de paso, en la mía -.

Con ella fue fácil adormecer mi conciencia y pasar de pensar con el corazón, a pensar con la cabeza. De pensar primero en los demás, a pensar primero en mí. Cuando nació Miguelito fue todo más sencillo todavía… entiéndeme papá… ¿Cómo iba yo a dejar de darle la oportunidad de ir a un colegio bilingue? ¿Cómo iba yo a consentir que su madre no le comprase las mejores ropas y lo llevase a las revisiones al mejor médico privado? y eso, por si no te diste cuenta, había que pagarlo, y tu ejemplo entonces era modelo de fracaso, tú has gozado de mucho prestigio… pero ni un privilegio, y nada de riqueza.

Cuando me fui de tránsfuga a la derecha pasé de concejal de fiestas, al mismo cargo en urbanismo… Por un simple soplo sobre qué parcelas iban a ser recalificadas, ganaba más de lo que tú lo hacías en un año. Sí, ya sé que te resultaba extraño el nivel de vida de mi familia… las ropas de mi mujer… los dos áticos en el centro… el mercedes… Y tu silencio reprobador me rasgaba el alma, pero Eli siempre se encargó de hacerme ver que todo valía la pena, – nuestros hijos lo merecen, decía -.

Como siempre he sido honrado, compartí todo lo que tenía que compartir con mis compañeros, y eso me abrió las puertas a la política nacional, además mi generosidad para con el partido, obedeciendo sin cuestionar todas las órdenes (Ya sabes… Lo que llamamos “Disciplina de voto”), me situaron en posición preferente para acceder al congreso. A pesar de todo, siempre conservé algo de mis ideales y nunca he firmado nada que perjudique la salud de nadie, y por eso no fui Ministro de Sanidad, porque por ahí no estaba dispuesto a pasar… Sabes que gracias a mi hermano sé cómo se las gastan en la Industria Farmaceutica. Agradecí la mención para el cargo, pero de promover que les quiten por dos duros las parcelas a unos “Destripaterrones”, no he pasado nunca.

 – Por eso no he llegado a más –

Como Diputado, mientras gracias a los contactos he conseguido ayudar a todos mis amigos y familiares políticos [Dichosa política…] no he hecho nada nunca de lo que sentirme orgulloso, más allá de ser un pelele a las órdenes de un partido que sólo ha luchado por sus propios intereses y los de sus votantes, los que – como siempre me has dicho cuando hablábamos – no quieren que nada cambie, que los mismos de siempre sigan siendo los privilegiados, y que los trabajadores se perpetúen como tales en su especie, como una casta aparte, seres inferiores que han nacido para el sacrificio…

Como decía Manolo, el propietario de la cementera:

“Encima de que los tienes recogidos, y de evitar que estén haciendo maldades por ahí, encima hay que pagarles… Hay que joderse

Pero ahora que voy a cumplir los sesenta, después de ver cómo otros con menos conciencia que yo han medrado más, y de ser consciente de que si no me han apartado de la teta ha sido porque tengo mucha información que conviene que calle… Me siento sucio.

Ya no puedo más… todas las injusticias que se han cometido con mi apoyo, me están costando el sueño, no duermo tranquilo, porque es como si tus valores, los que tú me inculcaste y entre compañeros y mi mujer relegaron al rincón más olvidado de mi mente, ahora volvieran a aflorar a mi consciente… y pesa. Pesa tanto que voy a dejar la política papá. No puedo más.

Está claro que no voy a poder devolver a esas familias a las que han estafado a mi costa el dinero que otros se llevaron por sus tierras, ni voy a poder salvar a las empresas que quebraron por negarles en pro de otros – menos convenientes para el pueblo – los contratos que correspondían a su calidad y trabajo, ni voy a favorecer que medren los que lo merecían ni que devuelvan lo que no era suyo a los injustamente favorecidos en los concursos, ni voy a dar ese empleo al candidato merecedor allí donde coloqué un enchufado… pero voy a dedicar el resto de mi vida a tratar de recuperar mis raíces, por supuesto allí donde nadie me conozca.

Mis hijos son mayores, como te habrás enterado por mis hermanos Eli y yo nos estamos separando, y nada me ata a esta ciudad donde no se me quiere más que por lo que pueda “Aportar” a aquellos de siempre… Aquí se me respeta por el cargo, y sin cargo… no sé yo qué puede pasar… Ha sido mucho el daño causado, y aunque la gente humilde perdona, me he granjeado unos cuantos enemigos de los que nunca se sabe hasta dónde pueden llegar… Y menos con lo que sé de ellos.

No te voy a engañar, no es sólo cuestión de conciencia… Ayuda mucho que ya tenga derecho a la pensión máxima, cuente con las “Prebendas” que ahora tanto irritan al pueblo… Que haya conseguido “Algunos ahorrillos” camuflados en esa “Cuenta de la que nadie da cuenta” y ese “Terruño con Cabaña” en Panamá, y que haya conseguido situar a mis hijos en buenos puestos… No lo niego, me he acostumbrado a vivir bien y soy mayor para cambiar.

Espero que las “Morenas” me ayuden a seguir anestesiando esa parte de mi conciencia tan molesta, pero lo que no puedo borrar ninguna noche de mi mente, es tu mirada seria y adusta, censurándome y haciéndome sentir un miserable.

Papá, eres muy mayor para admitir que las cosas cambiaron, que los ideales y el corazón son para los pobres y tontos, hoy el mundo es de otra manera. La “Cultura del pelotazo” es religión para muchos… lo fue para todos los que aspirábamos a algo más en la vida que a lo que has tenido tú. ¿No estás orgulloso de lo bien que viven tus nietos? Piénsalo papá. No te pido que apruebes ni compartas, pero sí que me entiendas y no me mires de esa manera que me arrastra al pozo… Soy tu hijo y me duele.

También he de confesarte que me voy por huir de la quema. La gente está harta, y la “Toma de la Bastilla” se puede producir en cualquier momento… y no quiero estar aquí cuando ocurra. Mira las calles… da miedo.

Siempre te amaré aunque te halla fallado,

Tu hijo, que aunque indigno, te quiere.

Miguel

 

 

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“Hipoteca: Herramienta 10 para fidelizar al Sistema”

Como vamos a apreciar en este artícluo, la I+D+I también ha contribuído al progreso de la explotación humana. Antaño era necesario contar con armas y muchos hombres duros, insensibles y curtidos, para manejar unos pocos esclavos. Esto ha cambiado en España y en el mundo, especialmente desde hace algo más de una década.

Hoy día empresas y gobierno tienen una poderosa herramienta para “Fidelizar” a los “trabajadores” al sistema establecido. Toda una serie de creencias generalizadas, contribuyen a “Ponerselo fácil” a las estructuras de poder.

Los trabajadores han sido convertidos en esclavos: Con el sueldo, muchos apenas cubren sus necesidades básicas, y lo que es mejor: Se cuidan ellos sólos. El estado recauda directamente de las empresas mediante el IVA y el impuesto de sociedades en torno al 50% de sus ingresos, y vuelve a cobrarles a los propietarios -Que declaran lo que ganan…-mediante impuesto sobre la renta otra mitad, en el caso de los afortunados que más ganan REPITO: y LO DECLARAN. Y para que paguenos todos… ¡¡un 22% paga cualquier esclavo con un sueldo de mil euros!!

Estas personas no perciben que estén esclavizadas en la maýoría de los casos… y todas las películas que cuenta el gobierno se las creen a pies juntillas. Se reunen unos cuantos diletantes, acuerdan una ley, y la ley es la ley… le pese a quien le pese.

Los silogismos que conforman el pensamiento de las masas, concluyen en sofismas que son convertidos (de una forma muy sutil) en axiomas por los que nos “Ilustran”.

En las universidades y escuelas de negocio -de donde salen la inmensa mayoría de líderes empresariales- se enseña a los futuros presidentes de empresas que “Hay que maximizar los beneficios” y que para ser fuertes hay que “Crecer aumentando la participación en nuestro nicho de mercado”, lo cual en la práctica significa que “Vale todo lo que no acabe en una sentencia condenatoria para hacer más dinero”.

Ni naturaleza, ni derechos humanos. Si aquí están prohibidas jornadas de más de diez horas por seiscientos euros al mes, la inmoralidad llega al extremo de fabricar en China y pagar 150 mensuales por catorce horas de trabajo seis días por semana… La economía y los negocios no entran cuando se habla de moral.

El taylorismo, radicalizado sin pudor en la actualidad, utiliza a las personas como máquinas mediante un proceso de estandarización del trabajo y el salario según la categoría profesional, que no tiene en cuenta ni la realidad ni la valía del individuo. Produce una gran frustración, pero he aquí “La Herramienta Perfecta” para disuadir al que busque mejores opciones de vida: La hipoteca.

¿Cómo alguien que está atado a un lugar mediante una vivienda que cree de su propiedad y que está obligado al pago de la hipoteca durante treinta o más años, va a poder rebelarse contra el sistema, o va a pretender ascender económica y socialmente, cuando apenas puede mantererse como esclavo?

Con esta poderosa herramienta,se fideliza al sistema a las personas mediante la amenaza de agresión en caso de impago. Esta agresión es conformada por toda una serie de mecanismos jurídico-legales coercitivos mediante los cuales el moroso, tras un proceso de embargo cuyos “Suntuosos gastos”(Muchos miles de euros por un simple papeleo) corren a su costa, es condenado a la indigencia y la muerte civil. Es mejor ser esclavo que no pagar, como vamos a ver.

Las personas que no poseen una vivienda en propiedad o un alquiler estable (Imposible salvo en el caso de renta antigua y vivienda social) se sienten inferiores: Esto limita su credibilidad de cara a la sociedad, además de tener efectos sobre la autoestima en el caso de los españoles, que tienen muy arraigado el concepto de “Mi casa”. Aquí es mejor esclavizarse  y poder pagar una hipoteca.

Los esclavos, en la actualidad pueden ser trabajadores o matrimonios mileuristas (De ochocientos a mil doscientos euros mensuales cada uno de los cónyuges), ocupados en oficios que les pesan y/o desagradan. Venden ocho o más horas de su tiempo de vida en jornada partida, que no es otra cosa que añadir más tiempo a la agonía. De ocho de la mañana a ocho de la tarde -o más- de lunes a viernes,  y algunos más días… y muchos sin librar los fines de semana (Los hijos y demás familiares, son casi desconocidos para ellos). 

A cambio de su ingrato trabajo, no tienen que ir desnudos, comen de forma insana y duermen bajo un techo. Algunos con suerte pueden irse unos días al año a respirar un poco de aire fresco en un lugar distinto al habitual, y no tienen esos días que cocinar ni seguir horarios, además de poder comer alguna vez al año fuera de casa, y tomarse alguna cerveza o café de vez en cuando (Reservado a los menos desdichados). Para todos, los reyes y los cumpleaños de allegados u otro tipo de compromisos que supongan tener que hacer un regalo, es un problema.

¿No era así como vivían los esclavos? ¿Qué diferencia hay realmente? Que lo que se llevaban el negrero y el capataz, ahora lo perciben en salario los oprimidos, pero para “La empresa”, el balance realmente es el mismo.

La diferencia es, como reza el título de la entrada, la herramienta: Antes desalmados armados, y ahora, compromisos de pago llamados “Hipoteca” “Letra del coche” o similares, bajo amenaza de embargo y muerte civil, en caso de incumplimiento del abono de la mensualidad.

La gran mentira es que cualquier bien inmueble a nombre de una persona física, cada vez que se cambia de nombre, paga el diez por ciento más o menos en forma de impuesto de transmisiones más coste de notaría y registro, y en caso de donarla o dejarla en herencia, si es a familiares directos (Hijos) hay que pagarle al estado el treinta por ciento del valor de tasación, y en el caso de familiares indirectos, amigos, o cualquier otro heredero o receptor, vuelve a pagar a hacienda un cincuenta y cinco por ciento.

Pero esto es para los desdichados… Los que tienen dinero y conocimiento interponen sociedades y prácticamente no pagan impuestos, veamos, y… ¿Los que no llegan a mil euros qué?

Las personas que ingresan cantidades menores a ochocientos euros -o están parados-, y por tanto no tienen acceso al consumo mas allá de los alimentos básicos, los dejamos para otro capítulo dedicado a los indigentes, que deben recurrir a la ayuda gubernamental, social, o familiar casi todos ellos para subsistir.  En el caso de estos, las consecuencias sobre la autoestima y la propia visión de uno mismo, convierte a millones de personas en juguetes rotos.

Para pertenecer una persona a la categoría de indigentes, basta con que sea, por ejemplo, pensionista de los que  han trabajado toda su vida y han estado en paro algún año antes de jubilarse, o haber desempeñado labores mal remuneradas, haberse dedicado a cuidar su casa y su familia,  haberse divorciado, ser empleado raso -incluso a jornada completa- desempleado -o autoempleado- en estos tiempos de crisis, etc etc.

Para más INRI el horizonte de estas personas es, con mucha suerte, dejar de ser indigentes para convertirse en esclavos. En cualquier caso, podemos ver cómo a la categoría de indigentes y esclavos pertenecemos más del sesenta por ciento de la población, siendo optimistas.

Todas estas personas le deben su situación en un alto porcentaje a la especulación de los políticos, promotores y banqueros con un bien de primera necesidad al que según la constitución, tiene derecho todo ciudadano: La vivienda.

Dormir bajo techo, tener unas condiciones dignas de vida, y tener unos metros de intimidad, a las personas de bajos recursos -esclavos- les cuesta del treinta al sesenta por ciento de sus ingresos mensuales (Quiere decir que sólo para pagar eso, trabajan de tres a cinco horas diarias). Los indigentes directamente se convierten en mascotas o en ftirápteros, dependiendo de cómo afronten su situación anímica y personal y del apoyo familiar del que dispongan.

Conclusión: Uno de los derechos constitucionales fundamentales y pilar de la sociedad tal y como la entendemos, en la práctica es un lujo al alcance de pocos, y uno de los principales activos de los especuladores… ¡¡Con el beneplácito de los que gobiernan!! 

– El gobierno no garantiza los derechos constitucionales, la Constitución es papel mojado – y si no, que les pregunten a los parados, condenados a la indigencia.

Los indigentes no son el objeto de este artículo, ya que está dedicado a personas explotadas, no a los aún libres (Aunque sea para no hacer otra cosa que sobrar de cara a la sociedad, que los califica de “Excluídos”)

Es indecente además de inmoral, que siendo la vivienda un derecho constitucional tan básico, y una necesidad vital tan importante, lo único que pueda comprar un jóven o matrimonio en el que trabajen ambos, cualificados o no, sea un pequeño piso viejo sin ascensor en zonas marginales, y se utilice mediante la hipoteca para coartar todo intento de progreso que planeen.

También es indecente que se fomente el compromiso de pago por parte de esta gente de cosas que no estén a su alcance real, y los convierta en castrados que tienen miedo a perder un empleo que apenas los mantiene dignamente.

– El mayor porcentaje de parejas jóvenes (Menores de treinta y cinco años) en las que ambos tienen la suerte de trabajar, ingresan conjuntamente unos mil seiscientos euros –

Actualmente una hipoteca de setenta mil euros a pagar en quince años, portándose bien la entidad financiera, supone una letra de más o menos quinientos euros mensuales -Y no está garantizado que ese importe no se modifique al alza-. Pero si nos vamos a veinticinco años, el importe será de más o menos cuatrocientos euros… cien euros menos por diez años más de esclivitud. Eso sería la cuantía máxima que podría soportar una pareja con estos ingresos y que no cuenten con ayuda familiar.

Con los mil doscientos euros restantes, tienen que hacer frente a gastos como: Agua, luz, teléfono fijo e internet, teléfonos móviles, impuestos municipales, seguros, gastos de transporte, etc., lo cual supone unos  setecientos euros/mes. Con los quinientos restantes, tienen que comer, vestir y guardar algo para gastos imprevistos. Para gastos de recreo, sociales y culturales, hay que esperar a las pagas -los que tienen suerte, y no las tienen prorrateadas-.

Hablamos de personas jóvenes, osea menores de treinta y cinco años, que han abandonado el domicilio de los padres, y para independizarse han comprado -o alquilado- una vivienda.

¡¡Y por supuesto, SIN HIJOS!!

Los que estando en esta situación tienen hijos, hay que rebajarlos a la categoría de indigentes, ya que directamente los bancos los rechazan. Tampoco tienen acceso al consumo, más allá de unos pocos miles de euros.

Creo que tanto la ley hipotecaria como las normativas urbanísticas deberían ser reformadas si realmente queremos que los que vienen detrás de nosotros, tengan la esperanza de poder ser felices. Deben de cambiar las cosas, para que los jóvenes tengan acceso a la compra o alquiler de una vivienda, sin condenarse a ser ciudadanos de tercera en ciudades medianas…

En ciudades grandes, la realidad es muy, pero que muy deprimente desde hace años… Muchos vivien en infraviviendas, y la mayoría necesita más de dos horas de tiempo adicionales para desplazarse al trabajo. La subención estatal al alquiler destinada a los jóvenes, en muchos más casos de lo que es aceptable, o no sirve para nada, o directamente no se concede. Además, no aporta ninguna solución a medio-largo plazo.

Uno de los principares factores que influyen en el disparate que supone que un puñado de ladrillos valga treinta millones de pesetas o más, es la repercusión del suelo en el precio de la vivienda. Con el actual sistema, del año ochenta y seis al dos mil se multiplicó por veinte el importe del valor del suelo: ¡¡¡De cincuenta mil, subió a un millón de pesetas la repercusión por vivienda!!!

…Pero del dos mil a hoy, se ha multiplicado por más de ocho, y ha llegado a ser multiplicado por quince… lo que ha producido que millones de personas, que compraron del año dos mil cuatro al dos mil siete, estén arruinados o al borde de estarlo. Incluso muchos han quedado embargados para el resto de sus vidas.., ¡¡y condenados a la marginalidad fiscal y económica!!. Su delito ha sido creer que “España va bien”.

Sólamente la adecuación a las nuevas normativas, que se han implementado durante esta época, también ha aumentado en algunos casos más del diez por ciento el coste de construcción de los inmuebles. La vivienda de protección oficial, está a precios prohibitivos, y su número es menos que testimonial… Pero a los marginales que plantean conflicto, se les regala a cargo de los que pagan impuestos para que no afeen o molesten a la política…  :-O

Y a los esclavos e indigentes que se rebelan, como es el caso del movimiento 11-M, se les menciona como “Perro-flautas” y se les desprestigia. Abortan las “Clases Dirigentes” y los “Ciudadanos de bien” impúdicamente su iniciativa con la connivencia del pueblo, que vive en la hinopia gracias al bálsamo del circo televisivo, sea del corazón o deportivo.

Yo me pregunto: ¿Que los jóvenes pudiesen comprar una vivienda en condiciones justas, no sería un objetivo importante al que aspirar?

¿Es moralmente aceptable que, destinando la mitad del producto de la venta de su tiempo de vida -que es lo que supone en realidad para una persona, trabajar en algo que no le gusta- no baste, con sesenta u ochenta mil euros, para comprar un pequeño piso con más de cincuenta años de antiguedad en una ciudad mediana, generalmente en una zona deprimida, de dimensiones entorno a cincuenta metros cuadrados (O más pequeño) y probablemente que la altura sea de un cuarto piso o más, y por supuesto sin ascensor, y sin apenas luz natural, ni buenas vistas?

Es un ejemplo sólamente. A ese importe hay que sumar los gastos de formalización de la hipoteca, registro, notario, y un ocho por ciento más del impuesto de transmisiones… Osea unos diez mil euros más.

Reformulo la pregunta: ¿Queremos para nuestros hijos una vida en una vivienda donde no van a disponer de espacio vital e intimidad suficiente, van a padecer todo típo de estrecheces e incomodidades, probablemente deteriorada, situada en un suburbio -o en un barrio de tercera- y además donde pasarán frío en invierno y calor en verano? Y eso los que tengan suerte… Muchos ni eso -tenemos más de un cuarenta por ciento de paro juvenil-

Si alguno padece un problema de movilidad (Embarazo, enfermedad, accidente, o vejez por ejemplo) salir a la calle desde su casa le va a costar la misma vida si es que puede… y además hay que sumar los problemas de seguridad de estas zonas… Suma los problemas para estacionar, lo denigrante de vivir en una zona deprimida, la baja calidad de los servicios municipales en estos distritos, la limitación que supone estas condiciones para el sano desarrollo de las familias, LA TUYA.

Este es el futuro que le espera con el actual sistema económico y urbanístico a mucho más del cincuenta por ciento de los jóvenes… Probablemente no sea tu caso, o el de tus hijos (Por eso estás aquí… Tienes recursos y conocimiento), pero piensa en algunos miembros de tu familia, para que lo sientas más cercano, o en los amigos… Este es el caso de la mayoría de españoles.

Sólo puedo decir que esto ES INDIGNO E INTOLERABLE. Vamos a ver por dónde revienta… no me cabe duda de que lo hará.

Si quieres saber más sobre el tema, te recomiendo sigas a Emilio Duró 

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“The emotional hijacker (El secuestrador emocional)”

Este relato no habla precisamente de un hombre de negocios, aunque se puede extrapolar a todo tipo de relaciones humanas equivocadas, sean ventas, una relación sentimental, o de cualquier otra índole. Lo escribo por dos razones: Primera por que me apetece, y segunda porque refiere a una persona casi cercana a la que aprecio.

Chema es un muchacho al que me une una relación familiar política, y dado su perfil curioso (Un caso de estudio) y mi casi obligada afición por la psicología, llevo mucho tiempo observándolo. El otro día tuve una conversación con él en la que sondeé su mente para averiguar el porqué de su egoísmo y constante necesidad de atención, llegando a conclusiones muy interesantes:

Diagnóstico: Trastorno límite afectivo. Habilidades sociales basadas en la manipulación emocional. Personalidad paranoide.

Antecedentes: El paciente acude a mi consulta refiriendo soledad y escasa aceptación social. Tiene relaciones sociales esporádicas que concluyen de forma espontánea o no trascienden ni a amistad ni a noviazgo. Amigos de bajo status social. Dificultad para introducirse en los grupos que le interesan.

Tratamiento recomendado: Tratamiento de choque mediante exposición directa a su propia realidad. Instrucción en respeto a los demás y reorientación de sus habilidades  para conseguir relaciones sociales sanas. Practicar el control de la emoción expresada.

Historia:

“El corazón humano es como un folio de papel, te invito a hacer un experimento. Coge un folio y arrúgalo haciendo una pelota… ¿Ya? Bien. Ahora trata de volver a recomponerlo y dejarlo como estaba. ¿Quedan pequeñas arrugas? ¿No puedes dejarlo tan liso como era? CLARO, eso es lo de que quiero que te des cuenta. El corazón humano es exactamente igual que ese folio. Una vez lo arrugas con una ofensa o maltrato… aunque te perdone no volverá a quedar nunca como antes, quedarán marcas. Por eso hay que cuidar el corazón de las personas”

Chema siempre ha sido un chico muy inteligente, tanto que ha aprendido a conseguir casi todo lo que quiere de las personas de su entorno arrastrándolos constantemente al plano emocional que le interesa e ingeniándoselas para conseguir atención haciéndose el gracioso, o mediante la provocación o la lástima. Es todavía un niño que busca despertar sentimientos positivos hacia él basados en el compromiso o por ser víctima. Se presenta de forma muy respetuosa y entra bien, pero en cuanto toma la más mínima confianza, abusa de los demás a su antojo en la creencia de que las personas deben de aceptarlo simplemente por ser él. Cuando alguien le contradice o le niega algo, su reacción es emocionalmente desmedida para hacer sentir al otro culpable, creando un ambiente de malestar y no deponiendo su actitud hasta salirse con la suya. Reacciona con violencia gestual ante opiniones contrarias. Tiene un comportamiento inmaduro y pretende que los demás lo vean como un hombre – Quiere tener los privilegios del niño siendo ya adulto – y trata de gustar a las demás personas, y en especial a las chicas hablándoles de él, y sin darse cuenta, casi sin interesare por ellas.

Os relato un poco algunas de sus conductas típicas:

– Está uno haciendo sus cosas en el PC y se encuentra sumido en alguna tarea que lo absorve. Ventanita del msn:

– Chema: Oye tengo que contarte una cosa tio

– Leñe, ya están dándome por saco con el msn, a ver: Ah, Chema, ya hablaré con él luego, ahora sigo con lo mío.

– Uno: Vale, pues luego hablamos 😉

– Chema: Joder tío, es muy importante, escúchame que la tía esa me dijo que iba a ir a la movida…

– Jooooooodeeeeeer, no ha pillado la indirecta… este es un pesao, a ver qué quiere… me lo quito de encima ahora mismo como sea

– Uno: Perdona, pero estoy ocupado haciendo una cosa, luego o mañána hablamos ¿Vale?

– Chema: Ya veo tío, pasas de mí, vale adiós 😦

MECAGÜENTOOOO, CON LO AGUSTO QUE ESTABA TRABAJANDO Y AHORA ESTO…

– Uno: Tio no, no paso de ti, de verdad estoy ocupado con una cosa importante que tengo que entregar mañana, tio hablamos otro rato 😉

– A ver si así me deja en paz, me ha obligado a mentirle… este es un tonto de cuidao… Ondia… ¿Otra vez la VENTANITA?

– Chema: Ya tío, pero es que como esta te gustaba, creía que te interesaría…

PASO, ESTE ES UN GILIPOLLAS. Cierro el msn y me quedo incomunicado, pero el tonto este ya no me molesta más.

Conclusión: Antes de que le diera Uno el msn, Chema tenía una imagen aceptable. En el momento en que Uno le ha admitido, a la primera ocasión se ha  tomado la confianza de irrumpir en su casa mientras trabajaba sin dar las buenas tardes. No ha seguido el protocolo social correcto, no ha saludado y esperado, y no ha respetado el deseo de Uno de no iniciar conversación. Uno lo rechaza. La buena imagen que había generado en Uno los primeros encuentros, la ha convertido en imagen de persona pesada, molesta y nada comprensiva con los demás… – Otro que va de víctima – piensa Uno. Ha perdido el respeto del amigo interrumpido en su tarea dentro de su propia casa, y es muy importante que esta sea una parcela de intimidad, lo lógico es que lo que salga de esa semilla sea la ignorancia y el menosprecio posterior.

Otro ejemplo:

– Tio, vamos a esa fiesta de Cuatro Vientos, van a haber un montón de tías…

– No Chema, no me apetece, tengo otros planes.

– Venga tío, vente, que va a estar que te cagas,  qué pasa… ¿Que no te gustan las tías?

[Vaya… parece que este me quiere tocar la naricilla…] – Tío, de verdad… No tengo ganas.

– Joder tío, qué mal royo… Había contado contigo y me dejas tirado…

[¿Lo dejo tirado?… ¿¿¿A quién dejo yo tirado???… Noo, yo no quiero parecer así…]

– Venga tío, aunque sin ganas, pero te acompaño.

– Gracias colega, ¡Eres el mejor!

Total que el amigo al final ha estado hasta las seis de la mañana haciendo el tonto sin ganas, Chema se lo ha pasado muy bien y lo ha arrastrado. El amigo, al día siguiente está cansado y no muy contento con haber salido. Llamada de Chema:

– Chema: Eh tíooo, qué guay anoche… ¿¿¿Viste la tía esa de rojo cómo me miraba???

– Amigo: Si, tío, estoy cansado. Venga, ya hablamos cuando nos veamos. Ciao.

Y cuelga… Chema no entiende porqué su amigo pasa de él, y lo achaca a un físico no imponente, a bajo status social por razones de Marca, o capacidad económica… No se dá cuenta que su conducta para con los demás es inadecuada y genera una imagen de persona dominante, poco grata e inmadura.

Otro ejemplo:

Su padre es un hombre bonachón y él sabe que es lo que más quiere. Constantemente lo arrastra mediante maquiavélicas técnicas de manipulación a un sentimiento de culpabilidad constante para conseguir de él todo lo que se le antoje. Su padre está continuamente preocupado por su hijo, que no conversa sanamente con él ni le cuenta apenas nada de su vida, y nunca o casi nunca le demuestra afecto con contacto físico o reconocimiento. Su padre se siente decepcionado, ya que ha dedicado gran parte de su vida a él, y no cree merecer ese trato por su parte. La relación es muy insana y basada en el chantaje emocional… No es buena para nadie.

Y otro:

Chema conoce a una chica con la que tiene una relación ese mismo día. Después de la relación se toma toda la confianza del mundo y comienza a hacer bromas y comentarios de mal gusto en la creencia de que la chica, que ha tenido una relación con él, debe someterse a sus pamplinas y considerarlo un tío guay manipulando sus emociones para hacerla sentir bien o mal, según él quiera mediante burdas estrategias para conseguir que se enganche a su persona. La chica no se siente a gusto con Chema, y el buen comienzo que tuvo con ella se torna indiferencia. El, a esta indiferencia responde con una actitud soberbia y arrogante que transforma la indiferencia en ignorancia manifiesta… No quiere volver a saber nada de él.

Otro más:

Conoce a una chica que acepta salir con él. Chema, en la creencia de que debe sumirla en su mundo para enamorarla, no se preocupa por los sentimientos e intereses de ella y la obliga a conocer miembros de su familia. Ella es muy vergonzosa y no quiere, pero la compromete a hacerlo y la presiona para que vaya a sitios que ella no elige donde no se encuentra cómoda. La chica al poco tiempo se desinteresa por él y lo ignora. Él cree que se debe a razones de estatus social o de físico (Los demás le han hablado mal de mí… Le gustan más cachas…) sin darse cuenta de que el problema es lo inadecuado de su conducta con ella.

El antepenúltimo: Si alguien acepta darle o contarle algo, no respeta los tiempos e insiste hasta que se lo dan, cueste lo que cueste. Somete a tanta presión a la gente que esta no siente deseos de volver a tener ningún trato con él

El penúltimo:

Si un amigo tiene cara de enfado, tristeza o cualquier otro sentimiento, Chema le pregunta insistentemente que qué le pasa… no acepta un NADA, y repite esto de diversas maneras hasta que el afectado, cansado de sus preguntas, o lo manda a la porra o le cuenta una milonga para que se calle. La inteligencia emocional de Chema es tan obtusa que cree que con esta conducta demuestra interés por los demás, desconoce el significado de la palabra RESPETO A LA INTIMIDAD, y trata de vulnerar espacios de la mente ajena que no le corresponden. Desconoce que es más efectivo ponerle a un amigo la mano en el hombro y decirle simplemente “Si necesitas algo, puedes contar conmigo”, y esperar a que si la otra persona necesita hablar, lo haga. Y si no lo necesita, que se sienta respetada. No sabe alegrar a los amigos sin perturbarlos.

El último:

Chema quiere ser el niño en el bautizo, el muerto en el entierro, y la novia en la boda. Si cuando está con más gente no es el centro constante de atención, se aburre y comienza a tener una conducta molesta para los demás, aún a costa de aguarle la fiesta a alguien. Quiere ser líder sin tener las condiciones para ello. Para conseguirlo se rodea de gente manipulable y de inferior estatus social, pero pretende acceder a los círculos de gente interesante rodeándose de impresentables. Con estas actitudes no se integra en ningún grupo… No sabe guardar los tiempos y sembrar la semilla del afecto para esperar el fruto, quiere que lo acepten todos YA, desde el principio.

Estas son sólo unas muestras de sus conductas… Como podemos ver el problema de este chico radica en un desconocimiento del respeto, en una total carencia de diplomacia y en un egocentrismo absurdo imprópio de la edad, además de mucho egoísmo. Su impaciencia le hace ser sumamente cortoplacista y es incapaz de ver la realidad de las relaciones humanas, que precisan TIEMPO Y RESPETO, para ser naturales.

Una relación sana debe basada en el respeto y la sinceridad, así es como se consigue ser AMIGO de alguien. Chema confunde la amistad con que los demás le secunden en todo y entren en sus juegos cuando le apetezca plegándose a todos sus deseos. Sin darse cuenta va molestando a gente que se convierten en “Enemigos”, ya que lo han tratado muchas veces de humillar en público. Su autoestima, debido al rechazo que ha generado por su conducta, es muy baja. Cree que con ciertas “Correcciones de su físico con el bisturí” mejorará su aceptación social… No se da cuenta que tiene que trabajar “Desde dentro”.

Premisas para llegar a la verdadera amistad con alguien:

– Respeto a la voluntad ajena:

No es NO. La única respuesta posible ante un No, debe de ser algo así como: “Bueno, si cambias de opinión, me lo haces saber”. Si no se respetan las denegaciones de los demás y presionamos para que obren en contra de su deseo, a corto plazo conseguiremos someter al otro, pero a medio-largo plazo esto se vuelve en contra nuestra, ya que el otro se cansa de nosotros o se pone a la defensiva… Amplío el tema en otro apartado porque lo merece.

– Respeto al protocolo:

Siempre comenzar con una sonrisa o saludo, y analizar la respuesta de la otra persona para actuar en consecuencia e iniciar la conversación o dejarlo ahí si no es el momento adecuado para el otro. Si al que nos dirigimos no muestra interés por nuestra conversación o nos cambia el tema, no nos sentiremos ofendidos en el ego y no intentaremos ser escuchados por narices, o persistir en el mismo tema impertinentemente. Esto es muy importante para no ser calificado como “Persona Non Grata”.

– Respeto al tiempo que nos conceden los demás:

Las conversaciones son productivas y se utiliza el tiempo compartido para argumentar y razonar, sin posturas egocéntricas o soberbias. La escucha activa es la mejor herramienta para ser proactivo, quiere decir, comprender las necesidades de los demás y responder en consecuencia. Hay mucha gente que no escucha y utiliza el tiempo ajeno para demostrar lo inteligente, sabios, y ricos que son… O contar películas que no le interesan al oyente, que quiere participar también de la conversación aportando puntos de vista o temas que le preocupan… esto cansa enseguida. Sólo se aprende escuchando… Y todos necesitamos ser escuchados.

– Respeto a las emociones:

Si la otra persona está contenta, no arrastrarla a un estado emocional más ingrato -…Ni al revés, al triste le molesta la insistencia en el contento -. No hay que hacerlo aunque nos interese para tocar un tema concreto, arreglar algún desaguisado anterior, o cualquier otro fin. HAY QUE RESPETAR Y ESPERAR EL MOMENTO OPORTUNO O ADECUADO. Si una persona está triste o tiene un conflicto, no tratar de abundar en la tristeza o en el conflicto para empatizar… ni ponernos en contra de quien no nos hace caso. Sólo seremos compañeros de fatigas en el mejor de los casos.  Es mejor ser una persona alegre y positiva, la gente así es mucho más atractiva. Hablarle de un bonito viaje a gente que está triste a lo mejor la ayuda… Pero hablar de lo dura que es la vida… No. La gente normal no quiere estar triste ni tener conflictos, y por lo tanto huyen de la tristeza y de los conflictivos.

– Control de la emoción expresada:

A casi nadie le gustan las personas histriónicas o que hacen manifestaciones emocionales desproporcionadas… implican sensación de “no control” de la persona de manera inconsciente y nos pone a la defensiva con la gente que exhibe su estado anímico de forma poco comedida. Estas personas son muy dadas a ser inadecuadas y poner a los demás en ridículo con frases o bromas tontas… No parecen serios y cabales. Es mejor no hacerse notar tanto. Mostrar en demasía nuestras emociones al público, nos hace débiles, además de generar odio y tirria hacia el “Prota”.  – Ser histriónico genera rechazo en todas partes, excepto en el teatro -.

– Sinceridad:

Asertividad y Proactividad: Esto quiere decir establecer relaciones con gente basadas en la sinceridad y un trato ausente de violencia verbal. Con firmeza, pero sin violencia, se le expresa a los demás nuestros deseos o nuestra postura, y escuchamos sin interrumpir para ser escuchados igualmente. Hay que entender y saber respetar la opinión y la postura del otro, aunque no coincida en nada con la nuestra.

Cuando percibimos que alguien nos miente con tonterías como excusa para algo, o nos cuenta un bulo – por ejemplo -, le “Ponemos una cruz a esa persona” y ya no nos fiamos de ella, aunque haya sido un detalle sin importancia… Lo importante es la esencia y al que falsea datos, aunque no tengan la mínima importancia, le colgamos inconscientemente el “San Benito” de “Mentiroso” y de “Falso”. Hay que decir siempre la verdad, porque además no es necesario mentir… Mejor omitir. De la sinceridad depende directamente la credibilidad de cualquier persona.

Ante un maltratador emocional en cuaquier grado, Todos nos ponemos a la defensiva, cuando estamos a la defensiva nos sentimos incómodos, y por tanto la gente que nos hace estar a la defensiva es incómoda. ¿ Y cómo quiere un ser que resulta incómodo que lo aceptemos? Algunos deberían reflexionar mucho.

Los secuestradores emocionales no cumplen las condiciones antes mencionadas para sernos gratos, por lo tanto realmente no son amigos de nadie, y llaman “Amigo” al que le aguanta o le sigue el juego. Lo peor es que como el problema parte de una absurda inteligencia emocional, achaca sus fracasos sociales a problemas económicos o de estética. No se dan cuenta que su frecuente conducta cortoplacista y egoísta molesta.

Suelen ser paranoides. Debido a su baja autoestima y su creencia de que son el centro de atención de aquellos que introducen en su fantasía (Como si la gente no tuviera asuntos propios), ponen pensamientos en cabeza ajena que no corresponden a la realidad – su mente funciona usando todo tipo de lo que en psicología se conoce como etiquetas globales – sufriendo incluso verdaderos delirios de conspiración, perjuicio y perjurio contra ellos. Son fácilmente irritables y se ofenden también con facilidad.

Manipulan el entorno tratando de poner unos y otros en contra para aprovecharse de la situación y conseguir tener una posición fuerte… Con ello creen que ganan prestigio, además de conseguir sus fines a corto plazo. A largo plazo el grupo los desprecia.

Chema, aunque un petardo, es un chico MUY INTELIGENTE, y como es muy joven y tiene buenos maestros, superará sus barreras y alcanzará la autorealización cuando corrija actitudes y aptitudes, comenzando a establecer verdaderas RELACIONES HUMANAS basadas en el respeto, el buen gusto y el trato adecuado. Está en un momento propicio para ello, ya que ahora tiene una actitud más humilde que le invita a la reflexión continua.

Está comenzando a apreciar que debe de escuchar al que le critica y no tanto al que lo halaga, ya que empieza a darse cuenta que quien nos quiere bien nos dice la verdad, y a comprender que los demás reaccionan en base a lo que les proyectamos… No porque son malos nos ofenden o agreden sin provocación previa. Comienza a aceptar que la culpa de lo que nos hacen los demás casi siempre es de uno mismo, que lo genera por acción u omisión con alguna conducta de la que no es consciente. Esto me anima a pensar que madurará pronto.

Espero y deseo que cambie para no acabar siendo un infeliz, sólo y frustrado”

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Pepe “el Vampiro”

Yo creía que en nuestro círculo a Pepe Cortés lo llaman  el vampiro porque se parece a Christopher Lee y tiene las paletas muy cortas. En su boca, cuando ríe – lo hace de un modo muy peculiar e intenso – destacan mucho los colmillos. Pero no, estaba equivocado y lo explico desde el principio:

Nunca había hecho ningún tipo de relación con Pepe antes del año dos mil seis. Mi trato con él había sido hasta ese momento siempre muy superficial, ya que éramos conocidos por compartir algunas amistades comunes. De hecho, ese día fue la primera vez que nos citábamos a solas para tomar un aperitivo. Lo hicimos en el Cucas Bar, lugar que invitaba a la cordial tertulia y que frecuentaba nuestro grupo de amigos. Pepe era un hombre con cierto atractivo personal, en apariencia bastante educado y muy amable, aunque algo alambicado. Tenía una empresa de venta de hardware al por menor con tres tiendas en Madrid y pensaba replicar el negocio en provincias cercanas. Pero no contaba con recursos suficientes para hacerlo sin recurrir a financiación de terceros.

Según me hizo saber de una forma íntima y ceremonial en nuestro primer encuentro en aquel bar un viernes a medio día – No se me olvidará nunca porque coincidía con el décimo aniversario de mi matrimonio – pensó en mí como posible socio por mi aparente gran capacidad, mi excelente trayectoria profesional, por mi excelente currículo y porque sabía que juntos íbamos a alcanzar el éxito. Y lo mejor ¡Yo no tenía que poner un euro en la empresa!  Eso fue lo que me dijo. Es indudable que es un artista de la palabra, todo un encantador de serpientes y tiene un gran poder de convicción, además de una excelente imagen.

¡Bueno para socio! Me sentí muy halagado con sus afirmaciones sobre mí, porque ¡Lo envolvió todo tan bien!

Le dije que contara conmigo y nos despedimos muy efusivamente. El resto del día lo pasé meditando sobre el negocio y la propuesta de Pepe. No me había dado cuenta pero había alterado mis emociones. Me inculcó una gran ilusión que exaltó mi ánimo y percibieron amigos y conocidos, algunos de los cuales se preguntaron por la razón de mi optimismo. Cuando les hablé de la propuesta de Pepe un poco por encima, noté que los que lo conocían más que yo se pusieron un poco tensos.

Hubo dos personas del grupo que alertados me recomendaron que fuera cauteloso,  que no era lo que  parecía, que tenía doble personalidad, pero nada en concreto que aportara pruebas. Y como literalmente “me había enamorado profesionalmente de él”, le concedí el beneficio de la duda. Lo llamé para tomar un café después del almuerzo y le pregunté abiertamente a la primera ocasión, nada tomar ambos asiento en una bonita terraza, que por qué había gente que me prevenían sobre él.  Le pregunté indirectamente si tenía algún enemigo. Lo hice solapadamente para no herir su susceptibilidad. Soy bastante tímido y retraído con los demás. Normalmente ante un comentario de esa naturaleza venido de alguien que merece mi credibilidad, no sigo profundizando en la amistad con gente dudosa.

Provoqué un siguiente encuentro con Pepe con la excusa de aclarar algunos puntos. Cuando abordé el asunto de las dudas que habían generado en mí ciertos comentarios negativos sobre él de personas allegadas, su respuesta fue en principio la ignorancia y hacerse el “extranjero”. Dijo: ¿Yo? No sé de que me hablas. No me interesan ni los cotilleos, ni la gente que se anda con ellos. Yo voy a lo mío.

Por mi parte, consideraba que si iba a hacer sociedad con alguien, debía tener muy claro quién y cómo era. Insistí esta vez con mucha claridad en mi exposición:

– Mira Pepe, no es por nada, pero si voy a trabajar contigo necesito conocerte lo bastante para saber que todo está en orden. Los sujetos que me han hecho esos comentarios merecen al menos tanta credibilidad como tú, y realmente me gustaría saber porqué hablan así de ti. Me resulta muy atractiva la idea de trabajar contigo, y por eso, concediéndote el beneficio de la duda, te doy oportunidad de que te expliques si quieres, y si no pues tampoco tienes por qué hacerlo, le afirmé.

Pepe es una persona muy expresiva, de esas que son capaces de trasmitir intensamente sus emociones a los demás a través de la expresión facial y el lenguaje gestual, y en ese momento su rostro era el puro reflejo de la humildad. Me comentó compungido: Ciertos individuos que no han tenido la misma vida que yo, no me aceptan. No les agrada que alguien sin carrera y sin papás con nombre y herencia, llegue a donde he llagado yo. La gente es clasista y envidiosa por naturaleza. Los que te han dicho eso pertenecen a ese grupo ¿Verdad?. Su gesto se tornó seguro, continuó: Soyu, te considero una persona realmente inteligente y te aprecio. Aunque nunca hayamos sido amigos íntimos, siempre te he admirado. Dime quiénes son, no te preocupes que no me interesa para tomar represalias, no les voy a recriminar. Es sólo para demostrarte que estoy en lo cierto. Dímelo y verás.

– Pepe, yo no te voy a decir sus nombres. Siendo así, no tiene mayor importancia. Te creo. La gente a veces habla de más, le dije conmovido por su humilde expresión y sus envenenados halagos. De hecho estaba en lo cierto de alguna manera, todos hemos escuchado comentarios de envidiosos alguna vez. Pero también los que me advirtieron sobre él no daban ese perfil… Bueno, seguiremos teniendo a Pepe un poco en cuarentena, pero ¡Es tan encantador! Aunque no haga nada con él, me encantará disfrutar de su compañía, razoné para mis adentros .

Su cara sonriente se iluminó dejando entrever sus colmillos. Se tornó la pura expresión del reconocimiento y la amistad: No me he equivocado contigo ¡Sabía que eras inteligente! Dijo mientras me propinaba unas palmaditas en la espalda que me hicieron sentir un poco incómodo. Pero ¡Parecía tan sincero! Sin darme cuenta comencé a abrirme a él.

A los tres días exactos – el sábado concretamente – me llamó por la tarde para invitarme a una partida de bolos ¡Qué casualidad, uno de mis entretenimientos favoritos! Le contesté que había acertado con el juego, pero no con la fecha, ya que los no laborables los dedico a compartir con mi esposa. Quiso conocer las razones de mi casi amonestadora respuesta, y le advertí que el fin de semana me debo a mi familia. Se mostró muy sorprendido y me dijo que tenía mucho que aprender, que estaba deseando compartir más tiempo conmigo para enseñarme muchas cosas de la vida. No pude negarme bajo riesgo de quedar como un calzonazos.

Acordamos encontrarnos en la Plaza de la Paz en media hora, y dando una vaga excusa a mi mujer agarré la cazadora con prisa y abandoné el domicilio. Qué poco me gusta la gente impaciente que aprieta con el tiempo, pero ¡Pepe tiene tantas ganas de mi compañía! Pensé para autoconvencerme de su buena intención. Había mucho tráfico en Madrid, así que decidí ir en metro. Estaba a dos estaciones y además no habían demasiados transeúntes, con lo cual me sobraron cinco minutos que dediqué a saborear un Cámel, mi asesino particular.

Me fumé cinco, porque llegó media hora tarde. Lo hizo justo cuando ya comenzaba a maldecir en voz alta el momento en que se me ocurrió salir de mi casa con prisas un sábado en horas de siesta para ir a ver a un casi desconocido, por agradable que fuese. Me dio las buenas tardes con tal sonrisa que me desarmó. Toda la testosterona que había generado durante la espera desapareció en el momento en que le dije: – Pepe, llevo casi media hora esperándote – y con faz  conmovedora me contestó con unas exclamaciones que en principio me parecieron fantasiosas. Aludían a una mendigo que tenía un bebé a los que casi ha salvado la vida. Dijo que usaba a su retoño para despertar lástima en los concurrentes y estimularles a entregarle su óbolo, y bla bla bla. Siete u ocho frases bastaron para que me sintiese un miserable por haber dudado de su puntualidad.

Aparentaba ser la mismísima dignidad en persona. ¡Qué bruto soy, y qué bueno que es Pepe! Concluí. Contento de gozar de su compañía, nos dirigimos a jugar la partida acordada.

Nunca había estado en esa bolera. Era lujosa, amplia, con una decoración exquisita basada en cuadros con imágenes de escenas de películas de cine clásico, y había un ambiente estupendo que invitaba a relajarse. Enseguida comencé a disfrutar del juego. Pepe aunque era un pésimo rival, sabía cómo halagar mi habilidad recompensando con Bravos y Hurras cada bolo que yo derribaba. Hasta en las malas tiradas en las que sólo caía uno, me los dedicaba con admiración.

A la segunda partida le propuse dejarlo porque yo no disfrutaba. No era rival para mí y me aburría. Para un competidor de mi nivel, su juego era demasiado pésimo. Se mostró encantado de que dejásemos de hacerlo y nos sentáramos a tomar un  café. Eso creía yo… por narices ante su desagradable insistencia tuve que pedir un whisky. Me expuso que sentía desconfianza hacia la gente que no ingiere alcohol. No te fíes nadie que no bebe nunca, Afirmó con misterio y una buena dosis de suspicacia. Esa frase la había escuchado en alguna película, de hecho creo que se la recordó uno de los cuadros de Bogart que colgaban en la pared detrás de la barra, pero lejos de pensar que Pepe la repetía, se la adjudiqué apreciando la metáfora que él corroboraba con su “supuesta experiencia”. Estaba convencido de que iba a aprender de él lecciones muy sabias. Gran hombre Pepe, si señor, pensé. Cuando llevábamos dos whiskys y comenzábamos a estar achispados, pasó a hablarme de sus planes:

– Primero abrimos dos tiendas más aquí en Madrid, en el barrio de Salamanca, que no lo estamos tocando. La gente que vive allí ya no tiene el poder adquisitivo de antes. Ahora comprarán nuestros PCs clónicos sí o sí. Luego montamos en Toledo, que tengo un local visto por quinientos pavos de alquiler mensual y es ideal. Con los sueldos de ahora, con mil quinientos pagamos hasta la letra de la reforma del local, y en un año más estamos funcionando en tres o cuatro ciudades. Hazme caso que soy experto, conozco mi negocio. – Pero, ¿Y el dinero para eso? – Le pregunté, ya que según me había dicho no tenía que poner un euro.

– Mira Soyu, yo lo que digo es siempre verdad ¡NO TIENES QUE PONER UN PAVO, CERO! Mis negocios son tan seguros que el banco me da lo que quiera. Puedes ver mis declaraciones anuales, y te voy a enseñar un certificado de hacienda para que veas que lo tengo ABSOLUTAMENTE TODO en orden. Si desconfías de mí, mejor lo dejamos estar…  exclamó mirándome con semblante digno y enojado a la vez en una mezcla ecléctica que transmitía mucha preocupación.

Caí en la trampa como un palomo ¡POR SUPUESTO QUE NO DESCONFÍO, PEPE! ¡Por favor, puedes contar conmigo totalmente! Casi le supliqué. – Sólo preguntaba porque me comentaste que no tenía que poner dinero, y esas inversiones hay que financiarlas de algún modo – ¡Claro, claro! Exclamó Pepe. Tú no te tienes que preocupar de nada, porque esos detallitos son minucias que arreglo yo con los bancos. Cada una de mis tiendas vende más de mil euros diarios, y la mitad son ganancias ¡Me reciben con el culo abierto en todas las sucursales! Exclamó lleno de orgullo.

– Yo a ti te necesito por tu alta cualificación para compartir las riendas del negocio, dado que solo no puedo con todo.  ¡Qué artista era Pepe! Con esa expresión convencería al mismo Rey de que la república es la mejor opción para el país. Mala cosa… comenzaba a necesitarlo emocionalmente. Sus halagos me elevaban al Cielo. Convinimos firmar ante el notario a la semana siguiente el traspaso a mi nombre del treinta por ciento de las participaciones sociales de su empresa  por una cantidad simbólica.

Él haciéndome el regalo de mi vida, y yo, con andándome con suspicacias a cambio. Soy lamentable, pensé.

Antes del día de la firma de la transacción nos vimos dos o tres veces para tomar un piscolabis y charlar un rato. No me gusta beber, y aunque lo hacía por que él no se sintiera incómodo tomando solo, me molestaba mucho la pequeña resaca posterior. Además no me gustaba la sensación de estar ebrio. Pepe, con ciertos comentarios machistas y actitudes casi insolentes para con las normas sociales, comenzó a no parecerme tan atractivo como persona, aunque reconozco que seguía siendo encantador. Quedamos un viernes en que el Martes siguiente nos encontraríamos en la calle Legazpi esquina con Quevedo para acudir al notario, que estaba situado en las inmediaciones de la salida del metro.

El sábado por la tarde me encontraba en mi domicilio disfrutando del matrimonio y la paternidad, cuando el teléfono móvil con su locución típica de robot sobre un tema clásico  que uso como politono, comenzó a sonar: – PEPE INFORMÁTICA, PEPE INFORMÁTICA, PEPE INFORMÁTICA. ¡Este hombre empezaba a tocarme las narices! Murmuré en voz baja antes de descolgar:

– Hola Pepe, tengo por costumbre pasar los sábados en familia, te vuelvo a comentar. Disculpa pero el fin de semana no salgo con amigos. Se lo espeté con decisión en un alarde de valor, pero él continuó insistente: Soyu venga hombre, sólo unos minutos, por favor, tengo algo muy importante que decirte. Diez minutos, si quieres voy a por ti y tomamos algo, no seas susceptible. Si te llamo es porque necesito hablar contigo, y será sólo un momento, por favor… me comentó con voz apurada. Total que acepté ir a verlo casi en contra de mi voluntad, ya que me empezaba a dar cuenta de que podía ser muy insistente hasta conseguir lo que quería.

Pasaba ya más de un cuarto de la hora acordada sin que apareciera. Sentado en la barra del bar donde habíamos quedado, tomaba el café que nada más llegar pedí para evitar que me conminara a beber whisky una vez más. Mientras divagaba sobre Pepe, decidí que era definitivamente un personaje poco confiable. Justo cuando cansado de esperar pasado el tiempo de cortesía pago y me dispongo a abandonar el local, observo que estaba charlando tranquilamente con una atractiva mujer bastante más joven que él en la puerta. Comenzaba a enfadarme. Ni empresa, ni participaciones ni leches en vinagre. Su informalidad comenzaba a olerme a chamusquina. Él, cuando se apercibió de mi presencia, me saludó como si tal cosa y continuó cambiando impresiones con la linda muchacha. Por cierto, tenía un físico estupendo que era resaltado por un entallado vestido que revelaba sus sinuosas curvas. Cuatro o cinco minutos más tarde se dignó a finalizar el parlamento con la bella rubia susurrándole un misterioso comentario tan próximo al lóbulo de su oreja que la hizo estremecer levemente. Lejos de desagradarle esa osadía, esta le devolvió una provocadora sonrisa a la que él correspondió relamiéndose el labio superior en un gesto casi obsceno. ¡Pero si está casado! Pensé sorprendido.

– ¿Has visto? ¡Está cañón! He quedado con ella. Me comentó con gesto sagaz cuando al fin se dignó a atenderme.

– Pepe ¿Tú no estás casado? Le pregunté. – Estoy como reza en mi perfil en facebook en una relación abierta. Mi mujer es cubana, tiene dieciocho años y es muy liberal -. Esa respuesta desmontó la imagen que yo me había formado de él. De repente me di cuenta de que lo había idealizado como una persona volcada en su trabajo, con una familia tradicional y una vida corriente. Esa era la imagen superficial que él procuraba trasmitir, pero a medida que lo conocía iba descubriendo que era un hombre imprevisible. Cuando manifesté ligeramente mi sorpresa por su estilo de vida, me argumentó mil razones indicándome que la mayoría de personas en esta sociedad somos reprimidos que andamos equivocados perdiéndonos los placeres de la vida de una forma tan taxativa que me sentí intimidado. No tuve más remedio que aceptar su invitación a probar el nudismo al verano siguiente “cuando abriéramos en Benidorm”. Lo que yo decía, un verdadero artista. Me había vuelto a elevar al Cielo.

Ese Sábado llegué a mi casa bebido a las tres de la mañana. Mi mujer empezaba a cabrearse de verdad con el tal Pepe. Convine con ella que no volvería a ocurrir.

El martes habíamos quedado a las once en un bar justo bajo la notaría en pleno centro. Me sentía algo cabreado porque debido al anuncio de huelga en el metro fui en coche, y anduve más para llegar al bar desde el parking donde encontré plaza de aparcamiento que si lo hubiera hecho desde mi casa.

Apareció muy apurado cuando acababa mi refresco. Como las veces anteriores, llegó tarde. Me urgió enseguida a que marcháramos. Según me comentó teníamos que pasar por el banco para firmar “una cosita nada importante”. Por el camino me fue contando que había surgido una oportunidad de franquiciarnos a un importante mayorista y que íbamos a firmar una “Policita de crédito” para financiar la operación. No había tiempo para pensar. Era según decía una oportunidad única.

Ante semejante mazazo -pues nunca fui estúpido y era consciente de que al firmar eso asumía un riesgo importante- teniendo ya un pie dentro de la entidad bancaria, me paré en seco y argumenté para ganar tiempo que no llevaba la documentación precisa, que estaba casado en gananciales y que tenía que hablarlo con mi esposa. ¡Para qué dije nada! Primero Pepe me espetó sorprendido que pensaba que no era tan tonto, que un día me iba a ver en la calle “solo y pelao”, como tantos “gilis” que conocía que habían sido desplumados por su “parienta”. Casi me gritó que lo primero que tenía que hacer era una separación de bienes, y no sólo por prevenirme de la codicia que él le suponía a mi mujer, también porque con los negocios… nunca se sabe.

– Por la documentación no te preocupes, lo único realmente necesario en tu caso es el D.N.I., y como lo aportaste a notaría para la transacción de las acciones de la empresa a tu nombre, me tomé la libertad de bajar aquí una copia. ¡Venga hombre, que lo tenemos a huevo! Me dijo con una malévola sonrisa.

Me sentí perdido. Me tenía absolutamente subyugado emocionalmente. Entré en la moderna sucursal, y la amable directora ya nos estaba esperando. Casualmente era una antigua conocida mía de los tiempos del funkie con la que no coincidía hacía ya más de quince años. Tenía toda la documentación preparada para firmar un crédito de ¡Doscientos cincuenta mil euros y un aval de cien mil! Cortésmente nos invitó a pasar a un lujoso despacho donde esperaba el corredor de comercio, cosa poco habitual ya que normalmente te preparan una cita en la oficina de éste. Mientras preparaba mi ex-amiga la documentación, observé que me miraba con una expresión que parecía lastimosa y a Pepe lo hacía con suspicacia. Se me encendió la lucecita en el cerebro y de repente lo vi claro: la Directora conocía a Pepe y sabía que mi papel era el de primo en esa operación y que estaba siendo víctima de una encerrona. Por ser yo un antiguo conocido, me dio la impresión de que ella se sentía en cierto modo culpable, e inconscientemente me lo reveló dejando fluir la comunicación no verbal.

Me levanté del asiento que me habían ofrecido para firmar como si tuviera un resorte en el trasero, y apoyando ambas manos en la mesa manifesté que no iba a firmar nada. Argumenté que que no había tenido tiempo de pensar y necesitaba un par de días o tres para dirimirlo en casa con mi mujer. ¡Lo siento! Expresé orientando mi cuerpo hacia la salida.

Pepe, tratando de dar apariencia de normalidad al exabrupto, comentó con fingida normalidad al sorprendido corredor de comercio y la incomodada directora que no ocurría nada. Les dijo que en cinco minutos volvíamos, que íbamos a tomar una cerveza y me ayudaría a reflexionar. ¡Nada de reflexionar ahora! Comenté enfadado. – Me voy a seguir con mis cosas. Esta noche o mañana hablaré con quien tengo que hablar que es mi familia, y con lo que sea, te llamo. Gracias, pero sabes que no me gusta el alcohol ¡Disculpen señores, espero me entiendan! Les pedí saliendo con rápidas zancadas.

Cuando abandoné la sucursal respiré hondo, y a la segunda inspiración se me pasó la comezón de estómago. Me sentí tan aliviado que me entraron unas enormes ganas de hacer pis. Entré en el restaurante Rías Baixas y  pedí el tercer café de la mañana. La cafeína me ponía muy nervioso, pero en ese momento nada importaba nada. Sabía que me había librado de una trampa. Pasé al servicio y tras aliviarme en una larga meada, volví a la barra. Allí me esperaba el café… ¡Y Pepe! El mundo se vino abajo de golpe cuando le escuché:

– Soyu, sé que te sientes confuso, todo ha sido demasiado rápido. Tienes razón. Quizás podríamos retomar el tema mañana… ¡NO PEPE! ¡NO VAMOS A RETOMAR NADA! Le interrumpí casi gritando. Dejé unas monedas en la barra, y antes de que me diese la vuelta masculló airado:

– Mira Soyu, esto no va a quedar así. Te aseguro que vas a lamentar haberme hecho perder el tiempo. Ya encontraré la manera de joderte. Eres un pedorro y un calzonazos como todos los imbéciles de tus amigos. ¡Espero que no hables mal de mí porque te parto la cabeza!

Salí casi corriendo del restaurante en una huida que al que no supiera de qué iba la cosa le podría haber inducido a idear que marchaba sin abonar mi consumición. A los dos días – con mucho ojo de que el tal Pepe no andara cerca pues le tenía un temor horrible, no porque imaginara que podía ser violento, sino por que emocionalmente me sentía totalmente dominado por él – volví a la sucursal donde me llevó días antes y busqué con la mirada a mi conocida la directora. Justo salía de un despacho cuando nos encontramos cara a cara. Se quedó lívida al verme y no acertó a pronunciar  un saludo coherente.

Le solicité que fuéramos a una dependencia con suficiente privacidad para hablar. Me pasó a un habitáculo muy pequeño en la zona de empleados que ofrecía total intimidad. Nada más entrar e invitarme a tomar asiento, me presentó sus disculpas comentando casi en un murmullo que ella no podía hacer nada para evitar verse comprometida en “los líos de Pepe”. Por lo visto no era la primera vez que mediante el chantaje emocional sometía a terceros a su voluntad en contra de sus intereses. Era un tipo que lo tenía todo muy bien estudiado. Especialista en dejar enfangados a otros, iba cambiando de razón social cada año de una forma totalmente legal, me comentó. También me confesó que cuando me vio se sintió acongojada, pero que no pudo hacer nada, ya que Pepe “no se andaba con chiquitas”. Me aseveró que hacía tandem con un cuervo que ejercía de abogado y cuando alguien se les ponía en contra, sencillamente lo abatían con todo tipo de argucias y trampas legales.

Además me dejó notar que la tenía absolutamente dominada y ante él sentía pánico. Pero era tan persuasivo que no encontraba la forma de declinarlo como cliente. No ganaba tanto me afirmó como para ponerse a malas con nadie, y menos con tipos de esa calaña. Mientras las operaciones fueran claras para el banco – que lo eran – ella no podía hacer nada, me reveló humildemente.

Salí de aquella sucursal bancaria pensando lo indigna que es la vida para algunos… tener que financiar  a gente inocente sabiendo que un golfo les va a estafar lo tomado… Allá cada cual con su conciencia. No todo se debe hacer por el salario, para eso hay que tener pocos escrúpulos, discurrí sin eximir de culpa a mi antigua amiga.

Tardé meses en librarme de la desazón y del mal regusto que me dejó mi aventura con Pepe. Por fin entendí la verdad que encierra el sobrenombre de…

Pepe “El Vampiro”

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“Candados Para Tu Mochila SL”

Hola Soyu, he visto tu blog y quiero contarte algo para que lo publiques porque encaja con el tipo de relatos que escribes, verás, me siento muy orgulloso de mi hija… pero estoy un poco asustado. Mi niña, con 9 años ha demostrado ser muy precoz en los negocios. Te cuento:

Cuando mi niña iba a infantil, un día la profesora me contó un hecho anecdótico que había ocurrido en clase, pero que parecía revelar grandes dotes comerciales en mi pequeña.

La profesora había repartido dinero simbólico impreso en papel entre todos los niños, y todos habían tomado juguetes de la estantería para vendérselos entre ellos a cambio del dinero de papel. Mi niña compró rápidamente todo lo que le apeteció y al quedarse enseguida sin dinero acudió a la profesora para que le diese más.

La profesora le dijo que no podía, que cuando se acababa no había más, a lo que ella contestó que sus papás cuando se les acababa tenían una tarjetita que la metían en el banco y les daba más dinero. La profesora se armó de paciencia y le explicó que sus padres teníamos el dinero que nuestra empresa nos pagaba por nuestro trabajo, y que cuando se acababa ya no había más hasta el siguiente mes.

La niña dijo: – Pues tengo que buscar trabajo -, y se fue a jugar con los niños.

Al rato volvió a la profesora con las manos llenas de dinero de papel, y la profesora le preguntó que cómo lo había conseguido, a lo que ella respondió:

– He montado un restaurante con los cacharritos de cocina y le he cobrado un euro a cada niño por comer. Como yo soy amiga de muchos, pues he ganado mucho dinero.

Ya apuntaba maneras la niña, ya…

Al comienzo del curso pasado, Un día, mientras buscaba aguarrás en una tienda de los chinos, le compré un pequeño candado tipo antiguo que le llamó la atención. Mi niña, encantada, cuando llegó a casa se le ocurrió  pintarlo con esmalte de uñas de su madre y le quedó muy bonito. Era ideal para cerrar la mochila del cole.

No le da al coco la niña...Al día siguiente, excitada con su creación, la llevé al colegio y, como era de esperar, lo primero que hizo fue enseñarle el candado a todos sus amigos. Todos al verlo mostraron su deseo de tener uno, y ella al instante DETECTÓ LA OPORTUNIDAD. Cuando volvió del colegio me dijo:

– Papá, ¿Me puedes comprar unos cuantos candados más para VENDÉRSELOS a mis amigos? es que me han preguntado que donde lo he comprado y les he dicho que los hago yo…

– Pero hija, diles donde lo has comprado y que se lo pinten ellos… Le contesté.

– NO, papá, si los pinto yo y los vendo ganaré mucho dinero. Te costó un euro el candado, y yo los voy a vender a cinco porque lo que vale más es que están pintados por mí que soy una artista. Para los de otros cursos, se los vendo a cuatro euros cada uno al más guay de la clase y que se gane un euro de comisión, y a los demás les vendo cinco por veinte euros y que ellos se los vendan a quien quieran a cinco, y así que el suyo les salga gratis… He calculado que como tardo en pintarlos diez minutos, puedo hacer doce al día  sin dejar de estudiar… Anda Papi… Papito porfaaaa…. Te los pago a dos euros cuando los venda y ganas el doble tú también…. Por favor Papá…. Que podemos ganar mucho dinero… vengaaaa, te prometo que haré lo que quieras… [Diez besitos seguidos…] Mi Papuchiiiii… Te quieroooooo…. Mmuac.

Me quedé atónito y abrumado por tan espontánea demostración de cariño… pero… ¿Me estaba ofreciendo dinero por consentir?… ¿Venderle los candados cinco veces más caros a SUS AMIGOS? Me estaba quedando desfasado… en mis tiempos los márgenes comerciales eran más ajustados y éramos más prudentes… – Está claro que la niña es muy lista… Demasiado. – pensé temeroso.

Esa misma tarde salí a comprarle diez candados, y en cuanto llegué a casa, la niña los estaba esperando ansiosa sin parar – desde el minuto dos de irme – de dar la tabarra a su madre que estaba planchando en el lavadero: – Mamá, porfa… venga, llama al papá a ver si viene ya… Porfaaa llámaloooo

Su madre sabía cómo ignorarla sin que se enfadara, aunque agradeció bastante mi pronta llegada soltando un bufido cuando oyó que abría la puerta:

– Nenita, ¡Mira lo que te traigo! dije ilusionado por ver su reacción no más entré. Ella acudó corriendo y desbordaba emoción:

– Gracias Papá.., peeero ¿Sólo dieezzzzzzzzz? Con eso no tengo ni para empezar… JOLINNNN

Me fui haciendo pequeñito temeroso de lo que se avecinaba… Le dije: – Pero nenita.., los pintas y si los vendes bien compramos más antes de que se te acaben…

– QUERÍA TREINTA .., ¿TÚ CREES QUE PUEDO EMPEZAR UN NEGOCIO CON MISERIAS?  NO ES JUSTOOOO

“…Bueno… mañana le compraremos más candados a la niña…”- Pensé eludiendo la pelea mientras disimulaba una retirada un poco indigna hacia la salita pequeña -.

La niña pintó todos los candados en un par de horas, le quedaron preciosos, se notaba que estaba poniendo el alma en el negocio… no se notaba que había niña en la casa, y eso, hablando de una hija única es mucho decir.

Al día siguiente cuando volvió del colegio estaba realmente excitada:

– Papá, papá, ¡LOS HE VENDIDO TODOS EN DIEZ MINUTOS! Porfa papi… vamos a comprar más, los pago yo… – Dijo metiéndose la mano al bolsillo y extrayendo muchas monedas y algún pequeño billete: – Mira ¡ Cincuenta euros, se los han comprado todos los papás a sus hijos!

– Bueno hija, venga, vamos a los chinos. [Hasta que llegamos me estuvo explicando su plan de negocios].

En la tienda, la niña pidió ¡ Cincuenta candados!: – Pero hija… SON MUCHOS…

El chino interrumpió la conversación con una frase demoledora para la niña:

– No quedal nada mas que tles candados, tu complal todos ayel.

Se armó la tragedia; la niña irrumpió a llorar descorazonadamente:

– BUAAA BUAAAAAAAAA BUAAAAAAAAAAAA PAPAAAAAAAAAAA Yo quiero los candadossssss BUAAAAAAAAAAAA – Salimos en estampida de la tienda, porque el chino empezó a poner mala cara y esa gente ya se sabe que no gustan de mucho ruido…

– Nena, no te preocupes. Vamos a ir a Caspe que es donde están las tiendas de los mayoristas que les venden a ellos y nos salen más baratos.

Palabras mágicas. Su semblante se iluminó. Nada más arrancar el coche tuve que pedirle que dejara de darme besos para conducir.

Cuando entramos en la primera nave, no encontramos candados, pero ella perdió la noción del tiempo y mientras miraba los artículos, hablando sola iba valorando sus posibilidades:

Esto es mono, pero no sirve para nada. Esto otro está muy bien, pero no es bonito… ¡Una linterna de llavero! esto se tiene que vender…

– Pero nena… ¿No ibas a vender candados? exclamé con cierta suspicacia…

– Mira papá, necesito más cosas que vender porque los mismos que me compran candados me pueden comprar más cosas que les gusten. Si tengo los candados que me dan dinero para invertir en otra cosa, puedo ganar el doble vendiendo dos cosas a la vez… O tener tres y que dos por lo menos se vendan bien…

[INCREÍBLE: Esto es de libro de márquetin, se ha dado cuenta de que tiene una vaca y enseguida quiere reinvertir en estrellas y algún interrogante… sabe que tendrá necesariamente algún perro…] Pero eso no era todo:

– Este muñeco de sacapuntas lo puedo dar al que me venda diez a la semana… O regalar al que compre cinco diciéndole que tiene que comprar YA, o por siete euros dar candado y muñeco…

[Ondiaaaa… La niña ha descubierto de forma innata los bonus mas los elementos de urgencia y oportunidad… apunta alto, vaya que si apunta…]

Recorrimos dos naves más en dos horas y apunto de cerrar ya la tercera encontramos los candados, y también las linternas. La broma fueron ciento cincuenta euros porque había que comprar un mínimo de cien a cero setenta y cinco cada chorradita… y no tuve alma para cogerle los cincuenta euros que había vendido. en fin, es mi hija, que voy a hacer…

Quedé de acuerdo con ella en que cuando tuviera un hueco – el día siguiente -, retiraría todas las cosas que no sirven del trastero para que ella pudiera poner su taller. Mi mujer no daba crédito… ¡¡ Su hija empresaria!!

… Pero al final no pudo esperar y me “Convenció” para que lo hiciera antes de cenar… cené a las doce de la noche pero bueno…. es mi hija, y por un hijo, lo que sea.

A las siete de la mañana cuando me levanté vi que estaba en el trastero la luz encendida y pensando que me la había dejado así la noche anterior, metí el brazo por la puerta entreabierta y la apagué. Al momento una vocecita me dijo: – PAPA, POR FAVOR, QUE ESTOY TRABAJANDOOO.

No me lo creo… ¡La niña despierta a las siete de la mañana! EN LA VIDA.

– Nena, ¿No es un poco pronto para eso? mira que vas a ir al cole cansada…

– Papá, el trabajo es lo primero… ¡¡Tú siempre lo has dicho!!, además, ¿Cómo voy a aparecer por el cole sin candados? me matan…

– Pero nena, qué haces pintando los llaveros-linterna? si son muy bonitos así…

– SI HOMBRE… Claro, y que los vean en los chinos más baratos y se los compren allí… ¿Y entonces cómo hago yo el negocio? LOS PINTO TODOS.

La niña era la leche en polvo… no jugaba, business are business.

Todos los días traía a casa una media de 50 euros, y contaba con existencias para un mes. Al cuarto día, cuando tenía más de doscientos euros en su hucha se me ocurrió decirle que íbamos a abrir una cartilla a su nombre. Lo primero que me preguntó es:

Con el dinero no se juega...– ¿Puedo ir yo sola a meter y sacar dinero?

– No, te tenemos que acompañar papá o mamá.

– NO ME INTERESA. necesito disponer de dinero para el negocio y no quiero tener que estar dando cuentas de todo. Me compro una caja fuerte que he visto que vale treinta euros en los chinos y ya está. ME LA PAGO YO QUE TENGO MI DINERO.

Bueno, y eso no es nada, conforme iban pasando los días la niña iba engordando el ego a base de demasiados ingresos para su edad y se sentía cada vez más poderosa:

– TENGO QUE TRABAJAR, DEJADME EN PAZ, si no mañana no puedo cumplir con los clientes que ya están esperando mercancía.

Soberbia la niña...

Cada día que pasaba era más egocéntrica y soberbia en su inocencia… Me obligaba a llevarla a las tiendas de moda juvenil bajo amenaza de irse de casa ahora que tenía su dinero y al personal que la atendía los trataba con cierta dosis de despotismo que no podía ni tan siquiera hacérselo notar porque era declararle la guerra… Se me estaba empezando a ir de las manos.

Lo curioso es que antes tardaba dos horas en hacer los deberes y ahora tardaba media hora y los hacía mejor… cuando la felicité y le pregunté el porqué de eso, respondió:

– Es que quiero ser Presidenta de mi empresa, y me ha dicho Don Jorje que para eso tengo que estudiar mucho… – ¿Pero tus profesores no te dicen nada? pregunté sorprendido, – No, el tutor está encantado, porque dice que eso es mejor que estemos corriendo por ahí, que así por lo menos aprendemos el oficio de la venta. Lo que no sabe es lo que gano, porque si se entera el colegio querrá su parte…

El caracter le cambió al poco tiempo… Un día de los pocos que me contaba cosas sobre su negocio me dijo:

– Papá, hay niños que me deben dinero y se esconden en el recre para no pagarme… Estoy pensando en darle a Paty, una chica de séptimo muy grande a la que todos tienen miedo porque pega, una linterna y un candado por cada veinte euros que les cobre a esos tramposos… Total, si no lo hago pierdo todo lo que he dado a plazos… Así al menos algo recupero.

Era exactamente igual que un empresario con muchos impagados… dentro de poco igual hasta le aparece una úlcera duodenal…

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡  AyAyAy !!!!!!!!!!!!

Dentro de unos años te contaré lo que es de ella… Como ves apunta fuerte en los negocios, pero no sé por qué tengo cierta comezón en la tripa porque no me parece que vaya a distinguirse precisamente por ser una persona muy generosa y humana… Veremos…

¿Quizás estamos descuidando un poco el Alma?

Los niños ya no juegan como antes…

– Sólo es una reflexión a la que me induce esta historia. –

Soyu Norate, 10/2011

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